martes, 5 de septiembre de 2017

EL LABERINTO AFRICANO DE LA POBREZA

Las potencias europeas, básicamente Francia y Reino Unido, que se habían repartido el continente africano a mediados del siglo XIX, un siglo más tarde tuvieron que conceder paulatinamente la independencia, pero fue en muchos casos una emancipación nominal de los pueblos, porque los países colonizadores mantuvieron el control económico.

La teoría del comercio internacional afirma que los países deben especializarse en los bienes que posean ventaja comparativa, ya sea tierra o trabajo, factores que se consideraban como claves de la producción. Con este criterio surgió en la década de 1970 el llamado “Comercio Norte-Sur”, cuando los países desarrollados del Norte enviaban bienes manufacturados a los países en desarrollo del Sur, que exportaban materias primas y bienes agrícolas. Las potencias coloniales se atribuyeron en exclusiva el valor añadido de la transformación, beneficiándose del avance tecnológico.

A los países dominantes no les interesaba invertir, por ejemplo, en Costa del Marfil, para industrializar su abundante cacao, elaborando chocolate para la exportación, o en Malí, productor de algodón, para crear una industria textil. Las elevadas tarifas aduaneras de los países europeos impedían competir a los posibles productos elaborados en el Sur con los obtenidos en los países ricos. La división internacional del trabajo favoreció a los intereses del Norte y relegó a África a una posición subalterna, lo cual impedía avanzar en el proceso de desarrollo.

Las economías desarrolladas no permitieron poner aranceles para proteger a las industrias nacientes frente a la competitividad de los países avanzados tanto en calidad como en costos. Sin embargo, los países ricos subvencionan aún las exportaciones agrícolas que, a precios reducidos, interfieren en los mercados de los países en desarrollo, perjudicado a los productores agrícolas locales.

El profesor Krugman ya denunció en los años 90 el “intercambio desigual”, debido que los países en vías de desarrollo utilizan mucho más trabajo para producir los bienes que exportan, que el utilizado por los avanzados para los bienes que ofrecen a cambio. Se pudo constatar la caída de la relación real de intercambio (relación entre los precios de exportación y de importación) para los países subdesarrollados, con lo que los beneficios teóricos del libre comercio no eran tan reales.


En el gráfico de los investigadores Reinhat y Wickham puede observarse la caída de la relación real de intercambio (RRI), secular para los países en desarrollo, junto a un comportamiento cíclico.

Desde un punto de vista económico, África es un continente aislado del resto del mundo. Aunque existen excepciones notables, como la República Sudafricana, o la mayor parte de los países del Magreb (básicamente Marruecos, Túnez y Argelia), casi toda África se encuentra sumida en una grave situación de atraso y subdesarrollo. Especialmente la región subsahariana carece de infraestructuras de transportes y equipos productivos.

La expansión comercial de China ha llegado a África, desplazando a Reino Unido y Francia, construyendo y financiando infraestructuras, tales como puertos, ferrocarriles y carreteras, al tiempo que explota diversos minerales. Mientras que Eximbank, de EE.UU, ha prestado 1.700 millones de dólares a cinco países africanos entre 2000 y 2015, los bancos chinos han concedido en el mismo período préstamos por 63.000 millones a 54 países de África para construir infraestructuras. Pasan del millón los chinos, con baja cualificación la mayoría, que trabajan en el continente.

Según informan las autoridades chinas, el volumen comercial entre China y los países africanos aumentó un 16,8% interanual en el primer trimestre de este año y se situó en 38.800 millones de dólares.

Aunque algunos se preguntan si China se está convirtiendo en la nueva potencia colonial de África, acumulando enormes posesiones en un continente pobre pero rico en recursos, confiemos en que estas inversiones sirvan para ir dotándolo de infraestructuras, equipos y conocimientos que los colonizadores europeos no fomentaron y puedan impulsarse procesos de desarrollo que saquen a muchos pueblos africanos del laberinto de la pobreza.

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