martes, 26 de diciembre de 2017

PROSPERIDAD SIN CRECIMIENTO

El crecimiento económico se identifica con el incremento en un indicador conocido como Producto Interior Bruto (PIB), que establece la cantidad de bienes y servicios producidos por el conjunto de los sectores de la economía monetaria.

El PIB no tiene en cuenta el valor generado por la economía no monetaria, a la que pertenecen, entre otras, actividades como el trabajo doméstico, el amplio abanico de los cuidados y otros servicios de ayuda mutua. Como afirmó en 1968 Robert Kennedy, senador estadounidense, “el PIB lo mide todo, salvo lo que hace que merezca la pena vivir la vida”.

Un problema del PIB es que no analiza la evolución de las desigualdades. No es capaz de detectar un crecimiento desequilibrado socialmente; por ejemplo, el que beneficia en su mayor parte al 10% de la población de nivel más alto de renta, contribuyendo así a la ampliación de la desigualdad.

Otro efecto colateral del crecimiento es la degradación de patrimonios medioambientales, como la devastación de algunas selvas tropicales para plantar soja transgénica. Y tampoco contabiliza las pérdidas de riquezas no monetarias.

Hay que resaltar que el PIB crece aún cuando el capital y el trabajo se utilicen para acabar con recursos que podrían ser importantes en el futuro. Por ello, los economistas viene reclamando que entren en funcionamiento otros indicadores con perspectiva más amplia.

Conviene diferenciar entre crecimiento y desarrollo, entendiéndose que desarrollo es un término más amplio que no sólo incluye un aumento del bienestar material, sino también el acceso a la salud, la educación y la cultura.

El crecimiento requiere recursos naturales, algunos de ellos no renovables, como las energías fósiles y los minerales. Otros son renovables, como el agua, las tierras cultivables y los recursos pesqueros, pero según el cómputo de la huella ecológica, están siendo explotados por encima de su capacidad de reproducción. El crecimiento va también asociado al incremento de los gases de efecto invernadero, origen del cambio climático

En el siguiente mapa se recogen los crecimientos previstos de 2017 en las grandes regiones del mundo por la revista “The Economist”. En el tercer trimestre. el PIB de la economía española registró un crecimiento interanual del 3,1%.


La debilidad del crecimiento en los países desarrollados ha puesto de actualidad al debate económico sobre la prosperidad sin crecimiento, llamado por algunos como proyecto de “decrecimiento” o “verde”, aunque más que un tema económico es un proyecto social que viene a cuestionar la dominación de la economía sobre la gestión política.

La teoría del decrecimiento nació en la década de los años 70 y su principal propagador ha sido el francés Serge Latouche, profesor de la Universidad de Paris-Sud. Este nuevo paradigma no presupone fomentar la recesión ni, por supuesto, la depresión económica. Pretende producir valor y fomentar el bienestar reduciendo la utilización de materia y energía.

Algunos caminos del decrecimiento que se apuntan son la producción a escala local y sostenible; la agricultura agroecológica; el cambio del modelo actual de transporte; la desurbanización; el salario máximo; la conservación y reutilización; la reducción del tiempo de trabajo y otros aspectos que permitan crear las condiciones que faciliten una sociedad próspera sin necesidad de crecimiento.










































































martes, 19 de diciembre de 2017

LAS PLATAFORMAS, MERCADOS DE DOBLE CARA

El avance en la economía digital está provocando cambios en las formas de actuar de las empresas en el mercado. Algunas están funcionando como una plataforma, ofertando y demandando productos y servicios a dos grupos de usuarios interesados, relacionados a través de una red. Se pueden citar casos conocidos, como Google, que interactúa con buscadores y publicistas; Uber, situado entre pasajeros y compañías de transporte, y Visa, relacionando consumidores y comercios.

En este tipo de entidades, funcionando como mercados de doble cara, la plataforma es un lugar de encuentro entre dos o más grupos de agentes, demandantes y oferentes de bienes y servicios, a los que ofrece dos tipos de productos de naturaleza complementaria. Así, la plataforma Google ofrece servicios de búsqueda por un lado y, al mismo tiempo, atiende la demanda de espacio a los interesados en publicar contenidos. Por tanto, se sitúa en el centro de un mercado doble: buscadores de información y suministradores de contenidos.

Una característica de la bilateralidad de este tipo de mercados es la presencia de externalidades positivas y negativas. La actuación de un agente, además de afectar directa o indirectamente a otros de su propio mercado, condiciona también en cierto modo a los agentes del otro lado. Por ejemplo, si pensamos en una plataforma de juegos online, un aumento de usuarios, por un lado, incrementa el número de personas con las que se podrá jugar, pero también afecta en el lado de los desarrolladores al volumen de juegos que se ofertan. El resultado es que la plataforma permite gestionar estos efectos de red en beneficio de los dos tipos de agentes.



Los precios que se fijan en los mercados de dos lados o caras de la plataforma son independientes y afectan al valor total generado. Hay que considerar el nivel de precios para cada grupo, la relación entre los precios de ambos lados y la tarifa por utilizar la plataforma. Una de las estrategias suele ser permitir el acceso gratuito a un lado de la plataforma y cargar un precio al otro lado del mercado.

Así, el programa Adobe Acrobat ofrece, por un lado, la gratuidad a los lectores, a modo de compensación por la información que ofrecen para utilizarla en la gestión del Big Data, y cobra a los escritores de contenidos (el otro lado del mercado), que valoran la amplia base de lectores. En el caso de las plataformas de juegos, se subsidian las consolas y se carga a los oferentes de juegos, en algunos casos mediante contratos de exclusividad, que aceptan en la medida en que tienen garantizada una amplia red de usuarios de consolas.

El carácter oligopolístico prima en estos mercados con altos costes de entrada, que suelen acabar concentrando la actividad y los beneficios en un reducido número de empresas dominantes.

En este tipo de mercados resulta difícil distinguir entre las estrategias de precios que constituyen mejoras para los consumidores y usuarios de ambos lados del mercado y los comportamientos monopolísticos que tratan de eliminar competidores.























martes, 12 de diciembre de 2017

LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

Se conoce como Revolución Industrial a las importantes transformaciones tecnológicas y socioeconómicas que se produjeron en la segunda mitad del siglo XVIII en Europa, especialmente en Gran Bretaña.

Las fuentes de energía para obtener las producciones se habían limitado al fuego, al viento y a la fuerza de seres humanos, caballos, mulas, bueyes y similares, cuando apareció el invento del escocés James Watt consistente en el aprovechamiento de la energía del vapor del agua.

El trabajo manual comenzó a ser reemplazado por la mecanización, y el desarrollo del hierro, junto al avance que supuso el ferrocarril, dieron una gran expansión al comercio en el siglo siguiente. En el impulso del proceso trasformador tuvo especial relevancia, además de la máquina de vapor, la máquina de hilar, un aparato destinado al desarrollo de la industria textil.

La transformación industrial provocó también un importante impacto social y dio lugar al nacimiento del proletariado urbano, conformándose una nueva clase social. Los trabajadores agrícolas aprovecharon las mejores oportunidades que ofrecía el trabajo en las recién construidas fábricas y se inició el movimiento de campesinos a las grandes ciudades.

Hasta el siglo XVIII, la tecnología y las habilidades necesarias en los procesos productivos habían evolucionado muy lentamente de una generación a otra. Pero la nueva era industrial fue introduciendo ideas distintas de una generación a la siguiente, nuevos descubrimientos, cambios en los métodos y nuevas máquinas, dejando obsoletas las ideas y las herramientas anteriores.

Se había iniciado el progreso tecnológico permanente, capaz de ir reduciendo de una generación a otra el tiempo necesario para fabricar los productos. Al ampliar los mercados y especializar la producción con la división del trabajo, se consiguieron economías de escala, reduciendo el coste de los productos.

La aplicación de nueva tecnología supuso una alteración del coste relativo de los factores productivos de la época: trabajo y energía (capital). El uso intensivo de la energía, el carbón, suponía reducir la necesidad del factor trabajo y otorgaba al empresario una “renta de innovación” al apostar por el cambio tecnológico.

Se ha podido comprobar que en Gran Bretaña el coste del trabajo era más alto que en otro países europeos y, en cambio, el carbón abundaba en su suelo. Un escenario así suponía un incentivo económico para intensificar el uso de energía, introduciendo la mecanización y explica en parte que fuese Gran Bretaña el país de inicio de la revolución industrial, que más tarde fue extendiéndose.


Observamos en el gráfico que hacia 1720 comienza a ampliarse la diferencia en la relación clave “Salarios/Coste del capital (energía)” entre Inglaterra y Francia, incentivando la innovación tecnológica en Inglaterra para sustituir trabajo por capital y beneficiarse de la renta proveniente de la mejora tecnológica.

Thomas Malthus, clérigo británico, había descubierto el círculo vicioso del estancamiento del nivel de vida hasta el siglo XVII: la mejora en los salarios aumentaba la población, pero ese incremento poblacional, con rendimientos decrecientes, hacía que descendieran de nuevo los salarios al nivel anterior, de modo que apenas podía haber mejora en el nivel de vida. Fue el progreso tecnológico iniciado en el siglo XVIII el que rompió ese círculo, logrando incrementos de productividad suficientes para sostener un aumento de los ingresos por habitante pese al crecimiento de la población.

El progreso tecnológico ha sido permanente desde entonces, incentivado siempre por la “renta económica de la innovación”, basado en el coste relativo de los factores productivos. Así, la aparición del petróleo como nuevo combustible y del motor eléctrico como fuerza motriz fue la base de la segunda revolución industrial a principios del siglo XX. La productividad se incrementó de manera notable.

A finales del siglo XX la revolución producida en las Tecnologías de la Información y Comunicaciones (TICs) dio lugar a la Sociedad de la Información y fue el desencadenante de la llamada tercera revolución industrial. etapa en la que todavía están ubicadas la mayoría de las naciones que han alcanzado cierto desarrollo.

Recientemente ha surgido la cuarta revolución industrial (Industria 4.0), que se fundamenta en la aplicación de robots integrados en sistemas ciberfísicos, que combinan infraestructura física con procesos digitales. La nueva transformación conllevará un proceso de destrucción creativa y de transformación estructural, con una reasignación de empleo entre los distintos sectores productivos.

Los expertos destacan que no se trata de desarrollos, sino del encuentro de esos desarrollos, lo cual puede representar un cambio de paradigma más que un paso en la evolución tecnológica a gran escala y acelerada velocidad hacia la “fabrica inteligente”, una evolución que tendrá efectos disruptivos sobre el empleo, las habilidades necesarias, la brecha salarial y la desigualdad.





martes, 5 de diciembre de 2017

ECONOMIA DE LAS BURBUJAS

Muchos inversores son conscientes de que la valoración de de los activos financieros empieza a estar inflada como consecuencia de la prolongada intervención de los bancos centrales en los mercados. Sin que aún se afirme que estamos ante una burbuja, se reconoce que el precio de algunos activos está alcanzando valores poco razonables y se teme el efecto que puede tener en España la anunciada retirada gradual de los estímulos financieros del Banco Central Europeo (BCE).

Una burbuja económica se produce cuando el precio de un activo físico o financiero sube muy por encima de su valor real durante un período largo de tiempo, como consecuencia del incremento de su demanda en busca de ganancias especulativas.

El precio puede alcanzar valores muy altos, pero llega un momento en que las compras se van ralentizando, el precio comienza a caer, y el afán de vender rápidamente el activo provoca su desplome, haciendo explotar la burbuja, con pérdidas para los propietarios del activo y, muchas veces, marcando el inicio de un período de recesión económica.

Los procesos de auge y caída tienen en economía tres tipos de argumentaciones: a) la ortodoxa, propia de la economía neoclásica, que atribuye las oscilaciones al libre mercado y a la falta de regulaciones y controles por parte del Estado; b) la perspectiva de los economistas conductuales, que lo atribuyen a la naturaleza irracional humana (exuberancia irracional), los sesgos de los individuos, el exceso de motivación y el riesgo, y c) la intervención del Estado en la economía, con el aumento de la oferta monetaria de los bancos centrales.

Aunque es fácil identificar las burbujas del pasado, resulta muy difícil detectarlas cuando están a punto de estallar. Los valores se inflan cuando los inversores y especuladores valoran de manera exagerada determinados activos, haciendo que los precios aumenten muy por encima de sus valores fundamentales.

En ocasiones, ciertas distorsiones del mercado pueden dirigir la actividad económica a inversiones no productivas o bienes sin demanda suficiente, que finalmente se liquidan, ya que no es posible seguir manteniendo el boom, dando lugar al proceso de reajuste. Pensemos en la reciente burbuja inmobiliaria española, durante la cual llegaron a construirse más de 700.000 viviendas en un sólo año, cuando la demanda estimada no pasaba de 300.000.

En el siguiente gráfico se recogen las evoluciones de la producción residencial y el crecimiento demográfico en España, que dibujan el escenario en el que se desarrolló la burbuja inmobiliaria que estalló en 2008


Observamos la disparidad entre la evolución demográfico, en descenso, y el incremento acelerado del número de viviendas proyectadas.

Las burbujas se han apoyado en diversos tipos de activos a lo largo de la historia. Entre las más conocidas se encuentra la que en el siglo XVII se generó en Holanda, quizás la más estudiada, sobre el precio de los tulipanes, unas flores decorativas de la época. Un siglo más tarde estalló la burbuja especulativa sobre las acciones de las compañías “Mares del Sur y Misisipi”. El crac de 1929 terminó con la burbuja del valor inflado de las empresas industriales. Ya en nuestro siglo, en 2001 estalló el valor de las empresas vinculadas a Internet (“puntocom”) y recientemente la burbuja especulativa sobre las viviendas en España y otros países.

Las etapas generadoras de la burbuja han sido similares en todos los casos conocidos. El valor de cierto activo se empieza a separar del que puede justificarse técnicamente y, bajo el impulso de los especuladores y las facilidades financieras, el precio se infla desmedidamente. Cuando explota la burbuja, la caída no es suave, sino que toma la forma de un desplome repentino.

Las entidades bancarias suelen jugar un papel importante en estos procesos económicos, ya que muchas veces los préstamos y la abundancia de liquidez contribuyen precisamente a inflar más los precios. Al final del proceso, el hundimiento del valor de los activos arruina a los inversores, que no pueden llegar a hacer frente a la devolución de los préstamos recibidos, con lo que los propios bancos se encuentran en dificultades.














martes, 28 de noviembre de 2017

DESARROLLO DESIGUAL

Los retos para abordar la construcción de un mundo más justo, con horizonte en el 2030, están condensados en 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con 169 metas específicas, aprobadas por los países miembros de las Naciones Unidas en septiembre de 2015, tras numerosas reuniones en las que participaron instituciones gubernamentales, agencias de la ONU, representantes de instituciones privadas y organizaciones de la sociedad civil.

El reto principal es acabar con la pobreza extrema, de tal modo que ningún ser humano esté condenado a vivir con menos de 1,25 dólares al día. Se apremia también a que, a nivel de cada país, se implementen sistemas de protección social para mejorar la situación de los colectivos más vulnerables. 

El historiador económico J.Bradfor Del Long, profesor en la Universidad de California (Berkeley) señala, utilizando una acertada metáfora, que “los ODS deben funcionar como autopistas de peaje, que permitan avanzar a un destino específico mucho más rápido que si se hubiera tomado la ruta panorámica. Por lo tanto, el propósito de la formación de consensos debería ser llevarnos a la vía de acceso a la autopista, después de lo cual cueste más hacer un giro equivocado o cambiar de rumbo,”

Había motivos para cierto optimismo con la ruta del “hambre cero”, porque el colectivo de las personas que pasan hambre se había reducido en más de 200 millones desde 1990. Pero da la impresión de que ha sido un avance frágil y el objetivo autoimpuesto se pierde en el horizonte. 



El gráfico muestra la distribución del PIB per capita de 2014. El color oscuro indica territorios con mayor nivel de renta que los de tono más claro.

Con un escenario de cambio climático y azote de guerras internas, las ONG piden a todos los países el cumplimiento del Acuerdo de París, porque proteger la naturaleza equivale a luchar contra el hambre. En cuanto a las guerras, mientras a algunos regímenes corruptos y crueles se les vendan armas, que pueden comprar con el petróleo que extraen, la situación de sus poblaciones no mejorará.

Desde la FAO se lanza el mensaje de “impulsar la agricultura local”, proponiendo a los países pobres que dejen de arrendar tierras a las empresas agrarias extranjeras, para producir los alimentos en pequeñas explotaciones rurales, en el mismo lugar que son consumidos. Se trata de superar la dramática paradoja de lo que está sucediendo en algunos países pobres, como es el caso de Etiopía, en el cual empresas de potencias extranjeras producen abundantes alimentos destinados a la exportación, en tanto que la población local pasa hambre.

Esta propuesta está en línea del denominado “desarrollo autocentrado”, que denuncia una relación desigual entre los países desarrollados y la periferia subdesarrollada. Antes fueron los países colonizadores y ahora las instituciones financieras internacionales las que están abriendo las puertas al capital internacional, pero sin la menor intención de modernizar el aparato productivo de los países.

Se aprovechan de los recursos naturales y del ahorro de los países periféricos pobres, cuando el objetivo prioritario debería ser construir un sistema productivo nacional basado en la renovación de la agricultura campesina y en la industrialización

El problema está en que las estrategias que permitirían avanzar hacia la soberanía económica de los países periféricos, tales como proteccionismo, control de los tipos de cambio y mayor intervención pública en la economía, suenan ahora como políticamente incorrectas en los escenarios oficiales de las naciones desarrolladas, los mismos países que recurrieron a similares medidas económicas para desarrollarse en algunos momentos del pasado no muy lejano














martes, 21 de noviembre de 2017

RIQUEZA FINANCIERA DE LAS FAMILIAS


La riqueza o patrimonio de las familias es el conjunto de bienes, derechos y obligaciones de los que son titulares. Si sumamos los bienes y activos financieros obtenemos las riqueza bruta y cuando deducimos las deudas en las que han incurrido queda la riqueza neta.

Para diferenciar con claridad riqueza y renta recordemos que la riqueza es el patrimonio acumulado en un momento dado, mientras que la renta la constituyen los ingresos que fluyen en un período de tiempo. La riqueza produce renta y la renta aumenta la riqueza.

Tras el patrimonio inmobiliario, el componente más importante de la riqueza de los hogares, se encuentra la riqueza financiera, formada por los diversos tipos de activos financieros. Según los datos publicados por el Banco de España, a finales del segundo trimestre de 2017, la riqueza financiera de las familias españolas estaba constituida por efectivo y depósitos (40%), seguido de participaciones en el capital (25%), seguros y fondos de pensiones (17%) y participaciones en fondos de inversión (14%). La tendencia que se observa es el descenso del efectivo y depósitos y el incremento de las participaciones en capital.

En el siguiente gráfico se recoge la evolución de la riqueza financiera de los hogares en la última década (en porcentaje sobre el PIB)



En el gráfico, los activos financieros (línea azul) menos las deudas o pasivos (línea oscura), determinan las riqueza financiera neta de las familias (columnas), que alcanzó en el segundo trimestre de 2017 1,2 billones de euros, un 120,6% del PIB, con tendencia alcista ligera.

Si se añade a la riqueza financiera neta el patrimonio inmobiliario, la riqueza total de las familias se acerca a 6 billones de euros, un 18% inferior al máximo de 2007, cuando los valores se encontraban inflados por la burbuja inmobiliaria.

El aumento neto de la riqueza financiera a partir de 2013, más que al incremento de los activos, se debe a la reducción de los pasivos (como se observa en el gráfico), a causa de la amortización de las deudas contraídas en años anteriores.

Pero la parte sustancial del incremento de la riqueza financiera obedece a la revalorización de la Bolsa, que es un incremento meramente aparente porque no se materializa en tanto que no se vendan las acciones. En cualquier caso, el colectivo de familias que poseen acciones es en España muy reducido, posiblemente no muy superior al 10%, con lo que la mejora en la riqueza habrá favorecido a una minoría de ciudadanos.
























martes, 14 de noviembre de 2017

DETERMINANTES DEL AHORRO


El sector productivo de un país necesita constantemente nuevos recursos ajenos para su funcionamiento, que espera conseguir en el mercado financiero, alimentado por lo ahorradores. Si las empresas no encuentran suficiente disponibilidad, tendrán que recurrir a créditos de otros países, lo cual implica flujos de divisas que pueden afectar a la estabilidad financiera.

Si la renta disponible de un país es baja, la capacidad de ahorro de las familias será escasa, y sin ahorro suficiente para financiar las inversiones, las posibilidades de un crecimiento sostenible son poco probables, y la consecuencia será que la población no mejore el nivel de ingresos.

Como señaló el economista J.M.Keynes, la parte de la renta disponible que se destina al consumo depende de la propensión al consumo de las familias y el resto queda como ahorro. El ahorro se relaciona con la renta disponible, aumentando cuando mayor es la renta. Como la propensión media al consumo es decreciente con la renta, aumenta su contrapartida, la propensión media al ahorro

Por lo tanto, un determinante fundamental del ahorro es la magnitud de los ingresos de las familias. Si los consumidores espera que sus ingresos futuros sean mayores, prevalecerá ahora el consumo, y el estimulo para el ahorro será reducido. En cambio, si piensan que van a disminuir, aumenta el incentivo actual para ahorrar.

Por otra parte, el aumento de la incertidumbre sobre el futuro alentará el ahorro y, en cambio, como la falta de previsión por la necesidades futuras suele llevar a gastar más en el momento actual, se reducirá el nivel de ahorro.

Con la expectativa de elevados aumentos de precios de los bienes en el futuro (inflación) se tiende a ahorrar menos que si se esperan unos precios estables o en descenso. Un elevado tipo de interés o la perspectiva de acumular cierto patrimonio incrementan la tendencia al ahorro.


Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, las familias españolas ahorraron el 6,5% de la renta disponible en el segundo trimestre de 2017, en términos anuales, el nivel más bajo en los últimos nueve años.

Observamos en el gráfico que el ahorro de lo hogares alcanzó el 13% anual móvil en el 2010, año con descenso de ingresos y elevada incertidumbre, y cae al 6,5% en el 2017, cuando la renta disponible aumenta un 2,6% y se recupera el PIB.

El ahorro había llegado a su punto más bajo en 2008, pero cuando afloró la crisis financiera, se disparó el llamado “ahorro por precaución” por la incertidumbre, el miedo a perder el trabajo y la necesidad de reducir las deudas.

No resulta extraña la caída del ahorro si tenemos en cuenta los mínimos tipos de interés actuales de los depósitos bancarios. Además, perdiendo poder adquisitivo por la inflación (1,7% interanual), las familias dan preferencia al consumo inmediato.

Un país en el que el 86,6% de los que perciben rentas ingresan menos de 30.000 euros al año (según el sindicato de técnicos de Hacienda “GESTHA), y el 41% de la población llega justo a fin de mes (encuesta del CIS), se entiende fácilmente la debilidad del ahorro familiar.

La reducción del ahorro no parece especialmente amenazante en estos momentos, dado que, con el comportamiento del conjunto de los Sectores Institucionales (Hogares, Sociedades no Financieras, Administraciones Públicas e Instituciones Financieras), la Balanza de Pagos de España tiene actualmente saldo positivo por cuenta corriente y se están pagando las deudas con el exterior.




martes, 7 de noviembre de 2017

RIESGO DE POBREZA

Según el informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, presentado en octubre en el Congreso de los Diputados con motivo del “Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza”, en la Unión Europea eran 119 millones (23%) las personas que vivían en riesgo de pobreza en 2016, en tanto que en España ascendían a 12,9 millones (27,9%)

La población en riesgo de pobreza es un indicador relativo que mide la desigualdad. No indica pobreza absoluta, sino que señala el colectivo de personas que tienen ingresos bajos en relación con el conjunto de la población. Cuando se consideran únicamente los ingresos se denomina “pobreza monetaria”.

En el siguiente cuadro se recoge la evolución de los ingresos que constituyen el umbral de riesgo de pobreza, según el Instituto Nacional de Estadística español:



El riesgo de pobreza monetaria aumenta o disminuye en la medida en que lo haga la mediana de las rentas. Al crecer los ingresos por persona también aumenta el umbral de riesgo de pobreza. En 2016, para los hogares de una persona (calculado con los datos de ingresos de 2015), el umbral se situó en 8.209 euros, un 2,5% más que el estimado en el año anterior. En hogares compuestos por dos adultos y dos menores de 14 años dicho umbral fue de 17.238 euros.

En una perspectiva más amplia, se está en riesgo de pobreza y/o exclusión social cuando se da uno de los tres factores que tiene en cuenta el indicador europeo AROPE (At Risk of Poverty and/or Exclusión): reducidos ingresos, carencia material severa y/o baja intensidad en el empleo

Las personas que cumplen con el primero de estos factores, reducidos ingresos, son aquellas que viven en un hogar con una renta, después de transferencias sociales e impuestos, por debajo del 60% de la mediana de ingresos de la población. En 2016 equivalía a 684 euros al mes por unidad de consumo. El número de unidades de consumo se calcula concediendo un peso de 1 al primer adulto del hogar, un peso de 0,5 a los demás adultos y un peso de 0,3 a los menores de 14 años. Por ejemplo, una familia compuesta por dos adultos y dos hijos menores equivale a 2,1 unidades de consumo.

Se considera que sufren de carencia material severa las personas que carecen de recursos para afrontar algunos tipos de dispendios simultáneamente, tales como el pago del alquiler, la hipoteca, la calefacción, la compra de carne o pescado, adquisición de coche, lavadora o que no puede irse de vacaciones ni una semana al año.



La baja intensidad de empleo se refiere a cuantos han trabajado por debajo del 20% de su potencial de trabajo en el año anterior a la entrevista. Las personas que sufren los tres factores del indicador AROPE simultáneamente llegan a un millón en España, el 2,1% de la población.


El riesgo de pobreza varía con la edad de las personas, desde el entorno del 13% en los mayores de 65 años hasta el 38% en la franja de 16 a 29 años. Aunque los mayores de 65 años tienen la media de riesgo más baja, 4,7 millones de pensionistas perciben mensualidades por debajo del umbral de la pobreza (684 euros). A medida que se avanza en la edad, las mujeres tienen mayor riesgo que los hombres.

Según el tipo de hogar, en el año 2015 el porcentaje más alto de riesgo de pobreza y/o exclusión social corresponde al hogar formado por 1 adulto con 1 o más hijos dependientes (50,1%), seguido de otros hogares con hijos dependientes (41,8%). Las personas que viven en hogares con niños tienen más riesgo de pobreza y exclusión social. El autor de un estudio sobre la pobreza lo expresa así: “Tener hijos es arriesgarse a ser pobres”

La Unión Europea tiene establecidos para el año 2020 diversos objetivos en materia de empleo, innovación, educación , integración social y clima/energía. En el apartado de integración social, el objetivo para España es que en el año 2020 desciendan en algo más de un 10% (1.400.000) las personas que estén en situación de riesgo de pobreza y/o exclusión social.




martes, 31 de octubre de 2017

PARTICIPACIÓN DEL TRABAJO EN EL PIB



El presidente del Banco Central Europeo reconoce que la reforma laboral ha provocado en países como España, Portugal e Italia una devaluación de los salarios, y con los precios de los productos encareciéndose, está originando la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores.

En el caso de España, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el coste salarial por trabajador descendió en el 0,1% en el segundo trimestre de este año respecto al mismo período de 2016, situándose en 1.942,01 euros de media mensual, como puede observarse en el siguiente cuadro, que desglosa el coste por grandes sectores económicos:


Con datos del primer trimestre de 2017, mientras en la Eurozona el salario por hora trabajada subió el 1,6% y en la Unión Europea un 2,1%, en España se mantuvo sin variación. El resultado es que España se convierte en el país europeo con mayor pérdida de poder adquisitivo.

En el siguiente gráfico tenemos la participación de los salarios en el PIB español a partir del año 2000:



Observamos una caída en la participación del trabajo a partir de la entrada en la crisis financiera, desde cerca del 51% en 2009 al 47,5% en el año pasado. Desde el 2013 se estabiliza por el aumento de empleo y el descenso del paro, debido este último en parte a la emigración y el incremento de personas desanimadas que no busca ya empleo.

La reforma laboral facilitó el despido barato y dejó a más de la mitad de los trabajadores sin cobertura de convenio, provocando el ascenso de la temporalidad al 26,8% y el trabajo parcial al 16,5%. Los salarios de quienes perdieron su trabajo durante la crisis y se incorporan ahora a nuevos puestos sufren un recorte respecto de aquellos que mantuvieron su empleo. La consecuencia es que el nivel de pobreza entre personas empleadas llegó al 14,1% en 2016.

Se estima que los salarios pactados pueden llegar a crecer en el conjunto del año entre el 1% y el 1,5%, incrementos inferiores al IPC, que en septiembre subió al 1,8% interanual y puede acabar el año en el 2%. Todo lo cual significa una caída en el salario real de los trabajadores también este año.

Los analistas atribuyen la situación de los salarios en España fundamentalmente al fracaso de la negociación colectiva, que impide alcanzar acuerdos a nivel de Estado para elevar las retribuciones, y a la baja calidad de los nuevos empleos, que reduce el salario por hora promedio del conjunto de los trabajadores.






martes, 24 de octubre de 2017

PODER MONOPÓLICO Y BÚSQUEDA DE RENTAS

La búsqueda de rentas se identifica habitualmente con la actitud de querer obtener ingresos con la manipulación en algunas actividades económicas, en lugar de crear nueva riqueza. Un ejemplo sería el tráfico de influencias para apropiarse de una parte de la riqueza que ya ha sido creada. El término en sí viene de la práctica antigua de apropiarse de una parte de la cosecha mediante el control de la tierra.

El gasto público de un país, más allá de las políticas sociales básicas del Estado de bienestar (pensiones, atención a la dependencia, sanidad y educación), no se reparte en función de la demanda y oferta, atendiendo a las necesidades y a la eficiencia, sino que en muchas ocasiones prima la capacidad de influencia de los grupos de presión, en busca de rentas en forma de aranceles, cuotas y otros privilegios, imponiendo sus demandas particulares en la agenda pública. Es el caso de los mandatarios de la Unión Europea y Estados Unidos, presionados por los poderes en la sombra (lobbies), para conceder ayudas a la agricultura y a política comercial. 

La búsqueda de rentas puede desembocar en privilegios, en una suerte de perversa relación, en la que ganan ciertos políticos –cuyo objetivo es la maximización de votos, que suponen puestos de poder y rentas– y los subvencionados o "protegidos".

En versión del análisis económico, se definen las rentas de este tipo como ingresos derivados exclusivamente de la propiedad y el control de activos o de una posición dominante en el mercado, y no de una actividad empresarial innovadora o del desarrollo productivo de un recurso escaso.

La UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo), en su informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2017, afirma que, en la era de la hiperglobalización, las finanzas tienden a generar enormes recompensas privadas, desproporcionadas con respecto a los beneficios sociales logrados. Las empresas han aprendido a utilizar estrategias de obtención de rentas para fomentar sus beneficios y se han convertido en un factor determinante de la creciente desigualdad.

Las rentas son captadas por grandes corporaciones mediante diversos mecanismos: el uso sistemático de los derechos de propiedad intelectual para librarse de sus rivales; la depredación del sector público, mediante privatizaciones en gran escala, pasando los recursos de los contribuyentes a los directivos y accionistas de las empresas; la concesión de subvenciones a grandes corporaciones, a menudo sin obtener resultados tangibles en forma de una mayor eficiencia económica, y mediante conductas casi fraudulentas, como la evasión y la elusión fiscales.

Un trabajo de investigación de Mordecai Kurz, profesor de la Universidad de Stanford, muestra los efectos económicos del poder monopólico, sobre todo en el sector de las Tecnologías de la Información, calculando los niveles normales por encima de los cuales los valores bursátiles reflejan el poder de mercado


Los ingresos creados por las empresas con poder monopólico que se cotizan en Bolsa en EE.UU (encabezados por Apple y Alphabet-Google) se dividen en tres clases: ingresos del trabajo, ingresos por el pago normal de intereses al capital y ganancias monopólicas. El gráfico muestra el componente monopólico de la riqueza como porcentaje del valor bursátil total entre 1985 y 2015. En los ochenta, la riqueza monopólica era inexistente. Con el desarrollo de la industria informática, aumentó drásticamente y, en diciembre de 2015, llegó a un 82% del valor bursátil total, lo que equivale a unos 23,8 billones de dólares.

Los datos indican, por tanto, que un poder de mercado cada vez mayor es una de las causas de la búsqueda de rentas. Se ha observado con creciente alarma la tendencia a la concentración, sobre todo en los mercados de los países desarrollados, de tal modo que, junto con la extracción de rentas, se han convertido en características del mundo empresarial.

En 2015, la capitalización bursátil media de las 100 mayores empresas era de 7.000 veces mayor que el promedio de las 2.000 empresas menores, mientras que en 1995 fue tan solo 31 veces mayor. La ampliación del poder de mercado contribuye enormemente a la creciente desigualdad de los ingresos.

El Informe de la UNCTAD concluye que, si se quiere alcanzar el objetivo de un crecimiento realmente inclusivo y sostenible, es necesario frenar el rentismo endémico y las desigualdades que genera. Un buen punto de partida sería reconocer que el conocimiento y la competencia son ante todo bienes públicos, y que su manipulación en interés privado debe regularse de manera efectiva.










martes, 17 de octubre de 2017

HIPERGLOBALIZACIÓN

La hipergloblización es una fase de la globalización caracterizada por el crecimiento acelerado de los flujos transfronterizos de bienes, servicios y capitales, en particular el incremento exponencial de los flujos digitales. Al alejarse muchas grandes empresas de situaciones de competencia efectiva, la hiperglobalización provoca una elevada concentración de poder económico y de riqueza en manos de un número pequeño de personas.

Aunque los bancos centrales alertaron recientemente del riesgo de debilitarse la globalización, lo cierto es que el proceso sigue su marcha. Muchas cadenas de valor industriales ahora tienen eslabones diseminados entre varios países, lo que hace aumentar todavía más la necesidad del comercio internacional. Esto es posible, entre otras cosas, a que se mantienen costos de transporte comparativamente bajos.

Aunque la Organización Mundial de Comercio (OMC) ha perdido el empuje del pasado y no logra concluir la ronda de negociaciones, sus acuerdos y reglamentaciones siguen vigentes y son aprovechados por las grandes empresas. Quizás, los movimientos más llamativos son los cambios de los actores protagonistas.


Como observamos en el gráfico, en tiempos pasados (los primeros XV siglos de la Era Cristiana), el grueso de la riqueza mundial estuvo en los dos países más poblados del mundo: India y China. A partir de aquel momento, Europa avanzó en la ciencia, la política y el comercio, y fue recomponiendo la economía mundial, hasta la irrupción de Estados Unidos como país dominante a principios del siglo XX, empujado por la emigración europea.

Desde finales del siglo XX, China recupera la preeminencia mundial y le siguen India y Japón, en tanto que Europa y Estados Unidos van declinando su posición económica en el mundo.

El recambio de actores es evidente en las instituciones financieras internacionales. Un buen ejemplo ocurrió en el Banco Mundial y el FMI donde China salió de su larguísimo silencio, y poco a poco comenzó a tomar protagonismo. Una expresión de ese cambio fue la elección de un economista chino como vicepresidente y economista jefe del Banco Mundial.

Se señalan también otras características de esta globalización contemporánea: la desmaterialización, expresada por el mayor aumento en el comercio de servicios respecto al de mercancias; el creciente incremento de flujos de capital entre un grupo cada vez más amplio de naciones; el surgimiento de un gigante comercial a escala planetaria (China); la proliferación de acuerdos regionales de comercio, y la reducción de las barreras al comercio en bienes pero su persistencia en los servicios.

En los últimos años, con la incertidumbre y la volatilidad en el crecimiento, los inversores dejaron emprendimientos en industrias, para enfocarse en sectores más seguros, como alimentos, tierras, minerales y energía. Los flujos de capital se dirigieron hacia América del Sur (Brasil sobre todo) y la mitad de ellos acabó en el sector de recursos naturales.

Se mantienen resistencias frente a este tipo de globalizacción de cuantos siguen sufriendo directamente sus efectos: campesinos desplazados por agronegocios de exportación, indígenas que deben lidiar con impactos de empresas mineras o petroleras y colectivos que pierden su trabajo por la avalancha de productos importados,

La globalización avanza beneficiando a unos y dejando a otros sumidos en graves problemas. Frente a ella, los movimientos sociales llaman a retomar y reconstruir las capacidades de crítica, movilización y alternativas, una tarea en la que tendrá que implicarse la sociedad civil.











martes, 10 de octubre de 2017

DIGITALIZACIÓN Y TIEMPO DE TRABAJO

Las sinergias que se derivan del desarrollo de las ingenierías del software, la robótica, las telecomunicaciones y la microelectrónica, combinadas con otras ramas del conocimiento, generan la digitalización, una innovación tecnológica que anuncia aumentos de productividad en las empresas, pero con pérdidas significativas de empleo. En el futuro no habrá necesidad de trabajar tanto para conseguir el nivel de vida que hoy se tiene en Occidente

La productividad ya ha ido aumentando en los países desarrollados debido a la competencia en los mercados y a los avances tecnológicos, si bien con velocidad diferentes según los períodos. Ha habido épocas en las que se han acumulado innovaciones técnicas importantes y su aplicación ha dado lugar a crecimiento intenso de la productividad, que ha supuesto la expulsión de trabajadores.

Como ejemplo, ahí está el sector agropecuario, en el que la introducción de maquinaria y nuevas técnicas organizativas han tenido como consecuencia que basta el 5% del total de ocupados en algunos países para que se produzcan alimentos para toda la población.

Pero lo relevante es que los incrementos de productividad han venido acompañados de una reducción del tiempo de trabajo a lo lago de la vida de las personas, a través de la reducción de la jornada diaria, el retraso en la edad de la incorporación al trabajo y las vacaciones pagadas. 



Vemos en el gráfico la evolución del tiempo de trabajo, según el sociólogo Manuel Castells. En 1850, el tiempo de trabajo a lo largo de toda la vida era de 150.000 horas; en 1950, la vida laboral se concentraba en 110.000 horas, a razón de 2.345 horas anuales en 47 años, y en 2000 se situaba en 75.000 horas anuales, que equivalen a 41,5 años trabajando un promedio de 1.800 horas año. Es decir, que en 150 años las horas trabajadas durante toda la vida se habían reducido a la mitad.

Esta reducción de horas de trabajo y el incremento de los salarios han sido los que han repartido el aumento notable de la productividad. Adaptar la jornada de trabajo a los avances de la tecnología ha servido para repartir el trabajo. Sin este ajuste, los ocupados trabajarían bastantes más horas y el desempleo sería mucho mayor.

Para mantener el empleo en la era digital, el intenso incremento de la productividad tendría que ser contrarrestado también por la reducción de las horas dedicadas al trabajo a lo largo de la vida en la misma proporción, objetivo difícil de alcanzar por las diferencias económicas entre los países y el elevado grado de competencia en los diversos mercados. Si no se consigue el ajuste de las horas, el escenario previsible es un aumento de la desigualdad en el empleo y en las rentas.

No cabe duda de que el proceso de repartir el trabajo es largo y complejo, porque hay que combinar resultados globales con ajustes a nivel sectorial y empresarial. Se requieren también instituciones sindicales fuertes y equilibrio en la negociación colectiva, como sucedía hasta los años 80, antes de la revolución neoliberal. En los últimos 25 años, el avance tecnológico ha producido importantes aumentos de productividad, pero no ha habido prácticamente reducción en el tiempo de trabajo vital.

La experiencia francesa de las 35 horas ha dejado más legados positivos que negativos, pero no hay señales reales de una reducción generalizada de tiempo laboral. La cuestión es que en esto momentos no se acepta que el avance social pueda afectar a la rentabilidad del capital. Por lo tanto, hablar de disminución de la jornada como reparto equitativo de los incrementos de productividad, sin reducción del salario, se considera  inadmisible políticamente.









martes, 3 de octubre de 2017

LAS EMOCIONES EN EL PATRÓN DE CONSUMO

Aunque nos consideramos plenamente racionales, lo cierto es que en todo los seres humanos se da una dicotomía: una parte del cerebro es intuitivo y rápido, en tanto que otra parte evalúa y razona lentamente. Por ejemplo, a veces compramos un objeto porque nos deslumbra (emoción), pero más tarde reconocemos que no fue una adquisición muy pensada (racionalidad).

Según Daniel Goleman, autor del famoso libro “Inteligencia Emocional”, en los humanos se experimenta un balance de ganancias y pérdidas internas, que es guiado por las emociones en una interacción determinada, bien sea con una persona o con un objeto. No sigue el criterio estrictamente económico, que buscaría la máxima utilidad. Además de los conocimientos sobre lo que se debe hacer, se tienen en cuenta también los sentimientos.

La economía emocional muestra que las implicaciones en cualquier decisión sobrepasan el ámbito específico de la economía. Es por ello que los productos y servicios necesitan inspirar y emocionar. En el campo del marketing está ya asumida esta tendencia, porque se ha identificado que la creación de valor en el futuro será sobre todo emocional e inmaterial.

Sabemos que cuando hay información asimétrica entre consumidores y vendedores, porque los vendedores conocen lo que están vendiendo mientras que los consumidores no saben realmente lo que están comprando, los precios resultan fundamentales para que el consumidor se oriente sobre la calidad de un bien. Es el caso de los coches de segunda mano, mercado en el que una reducción de precio puede provocar la caída de la demanda, debido a que se envía a los compradores una señal de que el vehículo es de menor calidad.

En los patrones de consumo se ha distinguido siempre entre los denominados “bienes inferiores”, aquellos que al aumentar la renta decrece el consumo (productos de primera necesidad), y se han considerado como “normales” aquellos que ante un incremento de renta aumenta también la demanda. Hay quien amplía el patrón de consumo, denominando ahora “bienes superiores” a los que cuentan con la confianza emocional en su calidad por parte de los consumidores.

Si los compradores acceden a pagar un mayor precio por la supuesta calidad del producto sin verificar sus cualidades intrínsecas, estamos ante los llamados bienes superiores que suscitan confianza emocional, cuya demanda crece aunque se incrementen los precios, en contra de lo previsto en la ley de la oferta y la demanda.

Las empresas que crean mercados de bienes superiores suelen desarrollar innovadoras técnicas comerciales con el fin de dar valor emocional a los productos, bien diferenciándolos, prestigiando la marca o creando intangibles. Cuando lo consiguen, los consumidores dejan de aplicar criterios racionales de relación precio-calidad. Compran el producto simplemente porque les gusta y el precio se desconecta de los costes de producción, al igual que sucede en las obras de arte.

Los mercados de bienes superiores han aumentado mucho en las sociedades desarrolladas. En un porcentaje creciente de productos, como coches, ropa, telefonía móvil, y otros muchos, los precios no están fijados por lo costes de producción, sino por la capacidad de gasto de los consumidores y por la confianza emocional que se deposita en su supuesta calidad.

Algunos expertos estiman que, además de una especialización en sectores de bajo valor añadido, las empresas españolas tienen dificultades para producir bienes superiores. Consideran que es necesario crear intangibles emocionales y desarrollar una moderna política industrial para enfrentarse a la creciente capacidad competitiva de los países emergentes.

España tiene una estructura productiva con elevado peso de empresas precio-aceptantes, con salarios bajos, posicionadas en mercados “low cost”, en los que se compite básicamente por precio. Este es un modelo que tiende a alimentar el colectivo de trabajadores con bajos salarios y con peligro de caer en “riesgo de pobreza”.




















martes, 26 de septiembre de 2017

DEPENDENCIA FINANCIERA

Los bancos centrales han inyectado gran cantidad de liquidez a las entidades financieras en los últimos años, al tiempo que provocaban la caída de los tipos de interés. Ante la magnitud que tomaba la crisis en 2008, la Reserva Federal de EE.UU diseñó un programa de compra de activos, incluida la deuda pública, y los restantes bancos centrales siguieron el mismo camino.

Al Banco Central Europeo (BCE) le costó más tiempo iniciar el programa de expansión monetaria, debido a los recelos de Alemania, pero es el que más se resiste ahora a ir rebajándolo por el temor a debilitar la recuperación del crecimiento que se está dando en Europa.

Después de Italia, España ha sido el país más beneficiado por la política de estímulos. Muchos analistas afirman que es la causa principal por la que desde hace un par de años disfruta de una financiación que le ha permitido rebajar el interés a pagar, hasta llegar a tipos negativos en las subastas a corto plazo. Se estima que se ha beneficiado de un ahorro de intereses equivalente al 0,9% del PIB entre 2014 y 2016, cerca de 10.000 millones de euros.

Un informe del Banco de España apunta que las medidas extraordinarias de compra de deuda y subastas masivas de liquidez, además de aliviar la carga de intereses, han tenido un efecto directo en incrementar el PIB español entre 2014 y 2016 en torno al 1,7% y reducir el déficit público alrededor del 1,9%.

El programa de expansión cuantitativa ha hecho que en los tenedores de la deuda pública española, que se sitúa en torno al 100% del PIB, vaya incrementándose la presencia del BCE a través del Banco de España, supliendo a los mercados financieros. Se ha pasado del 4,5% en 2014 a cerca del 20% en agosto pasado (171.873 millones de euros)

Los bancos nacionales han ido disminuyendo su participación, hasta alcanzar el volumen de compras de deuda el 14,6% a junio de 2017, lejos del 25,8% que tuvieron que asumir en 2012 para suplir a los acreedores extranjeros que salieron del país ante el temor de que España cayese en suspensión de pagos.

Con las medidas monetarias del BCE, la situación ha ido mejorando y los bancos extranjeros han vuelto a comprar deuda española. En el primer semestre de este año disponían ya del 50,5% del total.


En el gráfico tenemos la deuda pública de los principales países de la Eurozona. Tras Italia, el país más endeudado es España, que alcanza el 100,4% del PIB

Con las economías europeas inmersas en un proceso de crecimiento, parecía que se iba a terminar el apoyo financiero excepcional del BCE, pero en su última conferencia de prensa el presidente Draghi anunció que mantiene las compras de activos en 60.000 millones de euros al mes hasta el final de 2017 y “mientras sea necesario”.

La economía española es una de las más sensibles a la decisión, que se presume ya próxima, de ir retirando los estímulo monetarios excepcionales por parte del BCE. La ayuda financiera ha sido más elevada que en otro países, dado el mayor nivel de endeudamiento español y la importancia de los préstamos a las familias y empresas a tipos de interés variable, referenciados al Euribor, aún en terreno negativo.

Las señales de vuelta a la política monetaria ortodoxa, abandonando apoyos excepcionales, podría iniciarse el próximo a año y supondría un gradual encarecimiento de los intereses. Los mayores costes financieros pueden ralentizar el crecimiento económico, al afectar a las decisiones de gasto e inversión, tanto privada como pública.

En el endeudamiento español, el dato que más preocupa es la elevada dependencia de la financiación exterior. La deuda externa neta representa el 89% del PIB. La Unión Europea considera que el umbral a partir del cual se está en posición de riesgo es el 35% . Sabemos por la experiencia vivida en el 2012 la estrecha relación que existe entre el volumen de deuda neta externa y la mayor exposición de un país a las perturbaciones internacionales.



martes, 19 de septiembre de 2017

DISTRIBUCIÓN PRIMARIA DE LA RENTA

En las reuniones celebradas en junio pasado en Sintra (Portugal), el principal foro de banqueros centrales de Europa, Ben Bernanke, profesor en Pricenton y anterior presidente de la FED norteamericana, destacó el descontento que se refleja en las encuestas a los ciudadanos norteamericanos sobre la situación económica, malestar que fue capitalizado por Trump en su campaña presidencial.

Los ciudadanos que consideran que la economía no va bien duplican a los que creen que va en la buena dirección, a pesar de que en EE.UU el PIB ha crecido ya un 12,5% por encima de los niveles anteriores a la crisis, el paro se sitúa en el 4,3% y la inflación no llega al 2%

El profesor norteamericano atribuye el descontento al estancamiento de los ingresos del trabajador mediano. Desde 1979 la renta real por habitante ha aumentado en el 80%, en tanto que el salario real ha subido sólo el 7%. Ha caído la movilidad socioeconómica y crece la desconfianza en las instituciones para resolver los problemas de los ciudadanos.

En contra del criterio de promover el sector privado y reducir el papel del sector público, una pauta que ha prevalecido en los último treinta años, se está abriendo ahora la idea de una mayor intervención del sector público en el mercado, para lograr objetivos adicionales al crecimiento, tales como una inversión en capital o potencial humano y el diseño de políticas que partan de la base social y tengan en cuenta las realidades locales.

El coeficiente de Gini (entre 0 y 100, de menos a más desigualdad) nos muestra que, en Epaña, la desigualad de mercado en la distribución de la renta (antes de corregirlo con impuestos y transferencias) ha pasado de 43,4 en 2007 a 50,8 en 2014, y en la Eurozona ha variado de 49 a 51,9. Después de Chipre, la variación más elevada dentro de la Unión Europa se ha producido en España.

El Estado de Bienestar ha ido corrigiendo en parte las desigualdades de la distribución primaria del mercado, la que se realiza en el sistema productivo al retribuir al trabajo y el capital, con sus políticas fiscales y transferencias monetarias (pensiones, prestaciones de desempleo y renta mínimas...), dejando el coeficiente de Gini en 34,5, en el caso de España.


Vemos la evolución del Coeficiente de Gini en España, con la renta disponible, una vez hecha la redistribución. Observamos que pasa de 32,4 en 2008 a 34,5 en el año 2016, un incremento claro de la desigualdad.

En este contexto surge una nueva aproximación a la lucha contra la desigualdad. Es el enfoque de la predistribución o distribución primaria, que plantea corregir las desigualdades en el momento que se originan en el mercado, introduciendo regulaciones capaces de incidir en el mercado para alcanzar una distribución en el origen más igualitaria.

La predistribución plantea medidas como la regulación del acceso a ciertos bienes básicos, la fijación de un salario mínimo, las prestaciones sociales actualizadas, el protagonismo de la negociación colectiva en la determinación de lo salarios y la limitación en los salarios altos. Serían acciones en la dirección de corregir desigualdades

También puede apoyarse la predistribución con la capacitación y el empoderamiento de las personas, a fin de que puedan afrontar los vaivenes económicos y los riesgos de la precariedad. El apoyo a la infancia, la educación, las ayudas a la emancipación y las políticas públicas de activación pueden ser medidas eficaces para avanzar en la dirección de un reparto de la rentas primarias más equitativo.




martes, 12 de septiembre de 2017

ECONOMÍA CIRCULAR

El modelo económico actual, que es de carácter lineal, se basa en la extracción, fabricación, utilización y eliminación, y parece que se acerca a sus límites, como lo prueban el agotamiento de ciertos recursos naturales y, sobre todo, la extenuación de los yacimientos de combustibles fósiles.

Frente a este modelo económico de “tomar, hacer y desechar”, que se alimenta de grandes cantidades de energía y otros recursos baratos de acceso fácil, el modelo de economía circular plantea un ciclo continuo que optimiza el uso de los recursos, al gestionar unos flujos renovables.

El paradigma circular, que saltó a lo medios de comunicación en los años 70, vuelve ahora, propugnando que los productos y recursos mantengan su utilidad, lo cual obliga a trabajar con materiales biodegradables, aquellos que pueden descomponerse en elementos químicos naturales por la acción de agentes biológicos, como el agua, el sol, las bacterias, los animales o las plantas.

Propone funcionar con un diseño sin residuos, a fin de que los componentes biológicos y químicos de los productos se puedan integrar de nuevo en el ciclo por medio del reciclaje o el compostaje (abono natural)

La economía circular supone un nuevo modelo de organización productiva para desacoplar crecimiento económico y aumento del consumo de recursos y sustituirlo por un incremento en la eficiencia al utilizarlos. Los recursos deben tener utilidad y valor en todo momento. Se elimina el concepto de residuo final, porque lo que es residuo para una empresa puede ser materia prima para otra.


Como vemos en la imagen, el estilo debe ser “de la cuna a la cuna”. Al diseñar un producto se ha de tener en cuenta su utilidad una vez que sea desechado.

Los productos se diseñan y producen pensando que sus componentes deberán integrarse en un proceso posterior. Modularidad, flexibilidad, versatilidad y adaptabilidad son elementos valiosos a tener en cuenta. La energía debe ser de origen renovable y priorizarse los procesos y tecnologías de menor consumo energético.

Siguiendo el pensamiento sistémico, la economía circular trata de imitar a la naturaleza, en la que todos los elementos se influencian entre sí para formar un todo complejo, un modelo de ciclos basado en el reciclaje, reutilización y reparación o mejora.

A nivel empresarial, el modelo circular plantea una economía restaurativa, que aspira a no generar residuos, eliminando aquellos que en estos momentos no se puedan evitar. Optimiza el rendimiento de lo recursos y fomenta la efectividad de los sistemas, evitando externalidades negativas tanto en aire y agua como en forma de cambio climático.






martes, 5 de septiembre de 2017

EL LABERINTO AFRICANO DE LA POBREZA

Las potencias europeas, básicamente Francia y Reino Unido, que se habían repartido el continente africano a mediados del siglo XIX, un siglo más tarde tuvieron que conceder paulatinamente la independencia, pero fue en muchos casos una emancipación nominal de los pueblos, porque los países colonizadores mantuvieron el control económico.

La teoría del comercio internacional afirma que los países deben especializarse en los bienes que posean ventaja comparativa, ya sea tierra o trabajo, factores que se consideraban como claves de la producción. Con este criterio surgió en la década de 1970 el llamado “Comercio Norte-Sur”, cuando los países desarrollados del Norte enviaban bienes manufacturados a los países en desarrollo del Sur, que exportaban materias primas y bienes agrícolas. Las potencias coloniales se atribuyeron en exclusiva el valor añadido de la transformación, beneficiándose del avance tecnológico.

A los países dominantes no les interesaba invertir, por ejemplo, en Costa del Marfil, para industrializar su abundante cacao, elaborando chocolate para la exportación, o en Malí, productor de algodón, para crear una industria textil. Las elevadas tarifas aduaneras de los países europeos impedían competir a los posibles productos elaborados en el Sur con los obtenidos en los países ricos. La división internacional del trabajo favoreció a los intereses del Norte y relegó a África a una posición subalterna, lo cual impedía avanzar en el proceso de desarrollo.

Las economías desarrolladas no permitieron poner aranceles para proteger a las industrias nacientes frente a la competitividad de los países avanzados tanto en calidad como en costos. Sin embargo, los países ricos subvencionan aún las exportaciones agrícolas que, a precios reducidos, interfieren en los mercados de los países en desarrollo, perjudicado a los productores agrícolas locales.

El profesor Krugman ya denunció en los años 90 el “intercambio desigual”, debido que los países en vías de desarrollo utilizan mucho más trabajo para producir los bienes que exportan, que el utilizado por los avanzados para los bienes que ofrecen a cambio. Se pudo constatar la caída de la relación real de intercambio (relación entre los precios de exportación y de importación) para los países subdesarrollados, con lo que los beneficios teóricos del libre comercio no eran tan reales.


En el gráfico de los investigadores Reinhat y Wickham puede observarse la caída de la relación real de intercambio (RRI), secular para los países en desarrollo, junto a un comportamiento cíclico.

Desde un punto de vista económico, África es un continente aislado del resto del mundo. Aunque existen excepciones notables, como la República Sudafricana, o la mayor parte de los países del Magreb (básicamente Marruecos, Túnez y Argelia), casi toda África se encuentra sumida en una grave situación de atraso y subdesarrollo. Especialmente la región subsahariana carece de infraestructuras de transportes y equipos productivos.

La expansión comercial de China ha llegado a África, desplazando a Reino Unido y Francia, construyendo y financiando infraestructuras, tales como puertos, ferrocarriles y carreteras, al tiempo que explota diversos minerales. Mientras que Eximbank, de EE.UU, ha prestado 1.700 millones de dólares a cinco países africanos entre 2000 y 2015, los bancos chinos han concedido en el mismo período préstamos por 63.000 millones a 54 países de África para construir infraestructuras. Pasan del millón los chinos, con baja cualificación la mayoría, que trabajan en el continente.

Según informan las autoridades chinas, el volumen comercial entre China y los países africanos aumentó un 16,8% interanual en el primer trimestre de este año y se situó en 38.800 millones de dólares.

Aunque algunos se preguntan si China se está convirtiendo en la nueva potencia colonial de África, acumulando enormes posesiones en un continente pobre pero rico en recursos, confiemos en que estas inversiones sirvan para ir dotándolo de infraestructuras, equipos y conocimientos que los colonizadores europeos no fomentaron y puedan impulsarse procesos de desarrollo que saquen a muchos pueblos africanos del laberinto de la pobreza.

martes, 29 de agosto de 2017

DESCIENDE LA CLASE MEDIA

Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal, el banco central norteameriano, se ha unido a las voces que reconocen el descenso de la clase media en EE.UU. a causa del avance de la tecnología y la globalización, que ocasionan una disminución en los puestos de trabajo de cualificación media y baja. Los salarios caen y se intensifica la desigualdad en los ingresos.

En las sociedades desarrolladas se está produciendo más cantidad de bienes y servicios que en los años precedentes, con mayor inversión de capital físico (edificios y equipos productivos), pero ocupando a menos trabajadores. La productividad ha aumentado y presiona a la baja al volumen de salarios de la clase media.

Un investigador norteamericano señala que, por ejemplo, los ordenadores han conseguido que la industria sea más productiva, automatizando tareas rutinarias, lo cual ha abaratado los bienes, pero los trabajadores del sector tienen un perfil de formación más elevado y se han eliminado millones de puestos de trabajo en líneas de ensamblaje.


Observamos en el gráfico que, en el último cuarto de siglo, en la industria estadounidense, mientras que la productividad creció un 115% y la producción el 45,6%, el empleo descendió un 33,3%. La automatización y las tecnología de la información pueden considerarse como los mayores provocadores de este cambio.

También en la Eurozona se está implantando en el mercado laboral una tendencia hacia la polarización del trabajo y, por tanto, de los salarios. El aumento del empleo es, sobre todo, o bien en ocupaciones de cualificaciones y salarios altos, o bien, en cualificaciones y salarios bajos.

La consecuencia es que el modelo de vida que imperaba en Europa desde mediados del siglo XX (casa de tamaño razonable, educación para los hijos, sanidad pública y una pensión asegurada) se está convirtiendo en un dominio exclusivo de las rentas altas.

En España, la reciente crisis ha golpeado más a los sectores sociales de menor nivel de renta. Una parte creciente de la clase media ha ido reconociéndose como de clase media-baja según avanzaba la crisis (2008-2014). Este proceso ha sido más intenso en dos sectores: los inmigrantes y los más jóvenes.

Los millones de inmigrantes que encontraron trabajo en la construcción y los servicios han sido los primeros en verse afectados por el deterioro laboral y la pérdida de ingresos. El riesgo de pobreza en este colectivo ha pasado en unos pocos años del 30% al 50%, cuando en la población autónoma se mantiene en el 20%. En cuanto a los jóvenes, la falta de ingresos les fuerza a seguir residiendo en el domicilio de los padres y a depender de los ingresos de otros familiares.

Aunque algunos prefieren mostrar cautela ante esta evolución social, argumentando el enorme aumento de la clase media en el último siglo, no cabe duda de que el reciente proceso de degradación ha decepcionado profundamente a todos aquellos que pensaban que si uno trabajaba duro, era honrado y ahorrador, el porvenir le iría bien y podría ofrecerle a sus hijos una vida mejor.




martes, 22 de agosto de 2017

PSICOLOGÍA ECONÓMICA

En las últimas décadas, diversos trabajos de investigación se han ido orientando de manera progresiva hacia una colaboración entre psicología y economía. Las aportaciones de los psicólogos dedicadas a explicar la conducta humana y la percepción de bienestar resultan de interés para los economistas de cara a mejorar su comprensión del comportamiento de los agentes económicos.


La psicología económica trata de identificar el comportamiento económico de los individuos relacionado con las emociones y aportar la orientación precisa para la toma de decisiones.

Con la ayuda de psicólogos, algunos economistas han analizado, por ejemplo, las causas del bienestar individual, explorando la relación entre el nivel de renta o riqueza y la percepción de felicidad. Un reciente dossier de La Caixa recoge las conclusiones de algunos investigadores.

En las encuestas realizadas, las personas con mayores ingresos tienden a manifestarse más felices y la comparación internacional muestra también que existe una relación positiva entre nivel de renta y grado de felicidad, pero no se observa una correlación muy sólida.


El gráfico recoge el discutido ranking del Indice de Felicidad, un Programa de Naciones Unidas, que situó a Noruega (7,5 sobre 10) como el país más feliz del mundo. España se queda en el puesto número 34 (6,4).

Parece observarse que, a partir de cubrir las necesidades básicas, el incremento de ingresos no es relevante en la mejora de la satisfacción personal, sino que en la felicidad domina la renta relativa, la comparación con la que otros disfrutan en el entorno.

Una característica de la mente es que se adapta rápidamente a las nuevas circunstancias, lo cual explica también que los aumentos de renta o el desplazamiento a vivir a otra región sólo tengan efectos temporales sobre el bienestar. Se ha podido constatar, por ejemplo, que el incremento de felicidad que se lograr al ganar un premio en una lotería dura muy poco. Al cabo de un período corto, el afortunado individuo vuelve al nivel de felicidad anterior a cobrar el premio

Se suele citar el siguiente ejemplo para poner en evidencia la influencia de las percepciones personales en la vida económica: una victoria de la selección de fútbol alemana provocaba la mejora de la valoración subjetiva de la situación económica equivalente a un aumento de sueldo de varios miles de euros anuales.

Otro estudio muestra que se subestima el bienestar del conjunto de la sociedad en que uno vive. Así, en España, el 86% de la población se consideraba en 2016 como bastante o muy feliz, en tanto que el español promedio consideraba que sólo el 41% de los españoles se consideraban con semejante grado de felicidad.

Aunque la teoría económica ortodoxa trata del “homo economicus”, al que atribuye una fuerte racionalidad en el comportamiento económico, Daniel Kahneman, psicólogo y Nobel de Economía 2002, afirma que los humanos tenemos sesgos cognitivos en nuestra percepción de la realidad y en nuestras decisiones.

Una de sus aportaciones es que las percepciones individuales tienen traslación a nivel agregado. Así, una recesión se da cuando la gente decide gastar menos y retrasar las inversiones en nuevas actividades, decisiones personales que dependen del estado de la economía, pero también de la percepción individual sobre el entorno.

El estudio de Richard Easterlin, profesor en The University of Southern California, muestra que el incremento de PIB por habitante de un país no va asociado a un aumento del nivel promedio de la felicidad de sus habitantes. Así, el ingreso real por habitante de EE.UU. casi se duplicó en el período 1973-2004, mientras que la felicidad promedio se mantuvo estable. El tema se presta a debate, porque la felicidad es un concepto subjetivo y relativo, con dificultad de medición a lo largo del tiempo, a medida que cambian las circunstancias personales y el entorno.

En definitiva, los estudios confirman que hay otros factores, además del nivel de renta o riqueza, que determinan el nivel de felicidad, tales como la familia, los amigos, la salud, un trabajo gratificante… Por todo ello, las políticas económicas tienden a cuidar la educación, la sanidad y el empleo, entre otros aspectos, por constituir pilares fundamentales del bienestar de los ciudadanos









martes, 1 de agosto de 2017

LA ESTRUCTURA SALARIAL EN ESPAÑA

La encuesta de estructura salarial que realiza el Instituto Nacional de Estadística (INE) cada cuatro años investiga la distribución de los salarios en función de diversas variables, utilizando un cuestionario específico y los ficheros de la Seguridad Social y de la Agencia Tributaria. Una encuesta anual complementa los resultados en los años que no se realiza la encuesta cuatrianual.

El último informe de la encuesta anual, publicado a finales de junio 2017, señala que la retribución media por trabajador fue de 23.106,30 euros en el año 2015, un 1,1% más que en el año 2014. Los contratados por duración determinada (temporales) cobraron como promedio un tercio menos que los que tenía contratos indefinidos.

En la distribución salarial hay muchos más trabajadores en los valores bajos que en los sueldos más elevados, lo cual da lugar a que el salario medio sea superior tanto al salario mediano como al más frecuente.



Como observamos en el gráfico, el salario mediano (el que divide al número de trabajadores en dos partes iguales, los que tienen un salario superior y los que tienen un salario inferior) presentó un valor de 19.466,49 euros en 2015. El sueldo más frecuente se situó en torno a 16.500 euros.

La actividad económica con mayor retribución fue la de suministro de energía (generación, transporte y distribución), con 51.919,72 euros en 2015 y al final de la cola se situó hostelería (alojamiento y comidas), con 13.977,08 euros, poco más que la cuarta parte del sector mejor remunerado. Una diferencia similar se daba con respecto al tipo de ocupación, entre los Directores y gerentes (51.645,86 €) y Trabajadores no cualificados en servicios (12.700,70€). También marcaban diferencia los tipos de contrato, porque mientras el sueldo medio por hora en los indefinidos fue de 15,59€, los de duración determinada (temporales) se situaron en 11,97€. En cuanto al sexo, el salario medio anual femenino representó el 77,1% del masculino.

El empleo está creciendo a base de contratos temporales y parciales. El incremento salarial del 1,1% en 2015 se debió a las retribuciones de los trabajadores con más de 40 años, porque los menores de 24 años (11.228 € anuales de sueldo medio) bajaron un 5,1%; en los que tenían entre 24 y 29 años (16.064€) cayó un 1,6%, y entre los 30 y 34 años (hasta 19.597€) se redujo un 3%.

El retrato robot de los trabajadores con salarios más bajos en España sería el de personas jóvenes, mujeres, en trabajos a tiempo parcial, con contratos temporales, extranjeras, en el sector de la hostelería y poco cualificados.

Los colectivos con salarios reducidos están dando lugar en toda Europa al fenómeno de los trabajadores pobres. Alrededor del 10 por ciento de la población de entre 18 y 64 años de edad gana menos del 60 por ciento del ingreso mediano en su país. La proporción mayor de trabajadores pobres se encuentra en Rumanía, con el 18,6%, seguida por Grecia con 13,4%, y España con 13,2%.

La utilización generalizada del empleo temporal y parcial involuntario va asociada al crecimiento menor de la productividad, que ocasiona un empeoramiento de las condiciones de trabajo y provoca entre los ocupados un mayor riesgo de pobreza.










martes, 25 de julio de 2017

CADENAS GLOBALES DE VALOR

En un reciente Boletin Económico del Banco de España se constata que el incremento del comercio mundial viene acompañado de la creciente fragmentación internacional de los procesos de producción, lo cual actualiza el análisis de la “cadena de valor”, situándolo en un contexto global. Las empresas distribuyen sus actividades entre varios países, desde el diseño hasta la fabricación de los productos, el montaje y la comercialización.

El concepto inicial de “cadena de valor” surge a mediados de los años ochenta del siglo pasado, cuando el profesor Michael E. Porter, de la Universidad de Harvard, publicó su obra “La ventaja competitiva”, en la que desarrolla estrategias para mejorar la rentabilidad empresarial.

En una cadena de valor añadido se dan dos tipos de actividades: a) actividades primarias, enfocadas a la elaboración física del producto y su venta a los clientes (logística de las materias primas, transformación en producto, logística externa, marketing-ventas y servicio postventa) y actividades de apoyo, como soporte de las primarias (gestión de personas, administración, compras y desarrollo tecnológico)


Como vemos en el gráfico, en cada eslabón de la cadena se genera un valor añadido, de tal modo que, si el producto final es más valioso que la suma de los componentes, los consumidores estarán dispuestos a pagar el valor diferencial que reciben, obteniendo un margen la empresa vendedora.

La cadena de valor ayuda a determinar las actividades claves o competencias distintivas que pueden permitir generar la ventaja de mercado que permite tener una rentabilidad superior a los rivales en el sector en el que se opera.

Cuando las actividades necesarias para la producción de un bien o servicio se llevan a cabo en distintos países se habla de cadena global de valor. En este caso las actividades se reparten en áreas geográficas distintas y el producto final se completa en una sola localidad. Así, por ejemplo, un ordenador fabricado en Alemania puede tener un alto porcentaje de piezas procedentes de China y algunos programas de softwear norteamericanos.

La consecuencia de la posición de España en las cadenas de valor se refleja en lo indicadores económicos. Tras la crisis reciente, el país ha retrocedido respecto a la Eurozona. Si en el 2008 el PIB español por habitante representaba un 93,3% de la media europea, la relación había descendido al 84,3% en 2015. Al salir de la crisis, España se está alejando de sus socios europeos.

La Fundación BBVA-Ivie relaciona este deterioro relativo con la caída de las tasas de productividad del trabajo y al aumento del minifundismo en el panorama empresarial, caracterizado precisamente por el reducido nivel de productividad. Las empresas con menos de 10 trabajadores (microempresas) representan en España el 40,5% del empleo y aportan un 28% del valor añadido bruto, mientras que en Alemania ocupan al 19,2% y aportan un 16%. El crecimiento de la productividad aparente del trabajo en España no superó el 0,3% en 2014 y 0,2% en 2015.

El resultado de un mercado laboral cada vez más precarizado y con bajos salarios es una creciente especialización productiva de las empresas españolas de reducido tamaño en los escalones menos complejos y que incorporan menor productividad. Estas empresas soportan la estrategia externalizadora de las grandes y medianas, que mejoran con ello su productividad, de nivel similar a los competidores europeos.

El camino que siguen las empresas que desarrollan proyectos de bajo valor añadido, aceptando los precios de mercados “low cost” y compitiendo en precios, conduce al incremento del colectivo de trabajadores pobres y a la pérdida de potencial humano por las empresas, porque impulsa a que los jóvenes mejor formados busquen en el exterior empleos con retribuciones acordes a su nivel formativo.