martes, 30 de diciembre de 2014

DEBILITAMIENTO DE LA EUROZONA

Los análisis económicos internacionales han revisado a la baja las previsiones que hicieron en el mes de julio. Para el 2014, el crecimiento económico mundial acabará en un 3,3% y aumentará en el 2015 hasta el 3,8%. Será el resultado del crecimiento del 2,3% de los países avanzados y del 5% en los países emergentes.

En cuanto a Europa, los informes señalan que puede caer en una “era de la mediocridad”, ya que el crecimiento se está debilitando y tiene importantes amenazas: alto nivel de endeudamiento, grave deterioro del mercado laboral y falta de crédito suficiente para las empresas.

En el siguiente gráfico, reproducido del Banco de España, tenemos la evolución del PIB anual de la Zona Euro (línea azul) y de España (línea roja), en porcentajes, de los últimos 5 años.

Observamos que la trayectoria ascendente de la Eurozona se quiebra al comienzo de 2014, en tanto que el PIB de España va aumentando y en el conjunto de 2014 alcanzará un 1,4%.

Los informes señalan a la Zona Euro como la región con mayor probabilidad de entrar en deflación, dado que lleva tiempo con incrementos de precios reducidos. Se apunta incluso la posibilidad de caer en una nueva recesión, con tasas negativas de crecimiento del PIB durante un período prolongado de tiempo.

Las desfavorables previsiones tienen el peligro de que se autocumplan, porque desincentivan las inversiones de las empresas, lo cual llevaría a la no renovación de los equipos productivos y a la pérdida de competitividad. 

La solución que se plantea es el aumento de la inversión pública en infraestructuras europeas, aprovechando los bajos tipos de interés, para fortalecer la demanda interna y aumentar la producción y el empleo. 

Como hemos indicado, la economía española avanza este año hacia un crecimiento del 1,4%, el más elevado desde el inicio de la crisis, con un comportamiento distinto de los componentes de la demanda. 

En los años anteriores fue descendiendo la demanda interna, en tanto que aumentaban las exportaciones. En cambio, este año se expande la demanda interna, apoyada por el gasto público, la recuperación del consumo y la inversión en bienes de equipo, pero el incremento de las importaciones y el menor avance de las exportaciones, debido a la debilidad del contexto económico europeo, ha vuelto a deteriorar el déficit comercial y a anular el superávit por cuenta corriente que se había corregido en 2013, poniendo en duda la sostenibilidad del crecimiento a largo plazo.

martes, 23 de diciembre de 2014

LA PREOCUPACIÓN MEDIOAMBIENTAL

En la reciente visita del presidente de EE.UU. a Pekín se ha alcanzado un acuerdo importante sobre las emisiones de dióxido de carbono. El pacto prevé que para 2025 EE.UU. recorte sus emisiones de gases de efecto invernadero entre un 26% y un 28% con respecto a los niveles de 2005 y China -el mayor emisor- fije por primera vez un plazo para iniciar la rebaja de sus emisiones.


En el siguiente gráfico vemos la importancia que tienen ambos países en la emisión de gases de efecto invernadero:


La preocupación medioambiental comenzó a calar en la sociedad en 1972, cuando un equipo de científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts, dirigido por Dennis y Donella Meadows, estudiaron por encargo del Club de Roma la interacción del crecimiento poblacional y económico con los recursos finitos del planeta. La conclusión fue que, si las tasas de crecimiento económico y de uso de recursos naturales continuaban, podría llegarse a un catastrófico colapso ambiental y económico. 

El previsible agotamiento de los recursos naturales fue extendiendo también el temor de que podía limitar el crecimiento económico, aunque se reconocía que la interacción entre la oferta escasa y una demanda creciente, al provocar aumento de precios, podía incentivar la búsqueda de sustitutivos del bien escaso. 

Pero se admitía que el sistema de precios no resultaba muy eficiente en un contexto de externalidades negativas. A falta de intervención pública, las empresas productoras no tienen incentivos para afrontar las consecuencias de la contaminación del medio ambiente. 

Se reconoce que está aumentando la sensibilidad hacia la calidad de nuestro entorno, que se concreta en la búsqueda de una forma de crecimiento que no se apoye únicamente en la explotación de recursos naturales de una forma insostenible y van surgiendo medidas que buscan una eficiencia productiva respetuosa con el entorno.

Partiendo del Producto Interior Bruto (PIB), el indicador habitual de la producción de una economía, que tiene en cuenta la depreciación de las instalaciones y equipos productivos, pero no recoge el agotamiento de los recursos naturales o el deterioro del medio ambiente, se evoluciona hacia el “PIB verde”, un indicador que asume los costes medioambientales del crecimiento. 

Cualquier incremento de producción que lleve aparejada la destrucción de un recurso natural no resulta sostenible. Por ello, se recurre al “PIB verde”, que se calcula descontando en el PIB tradicional la disminución de los recursos naturales afectados.

Las defensas y ataques al Informe del Club de Roma han continuado por décadas y el libro que recoge el estudio sigue provocando debates acalorados.

Como señala el Consejo Científico de ATTAC (Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras y por la Acción Ciudadana), la economía mundial adoptó hace muchas décadas un perfil energético que depende sobre todo de los combustibles fósiles. Cambiar la infraestructura asociada a ese perfil es un proceso costoso y lento. Los grandes consorcios del sector energético se han comprometido con ese perfil tecnológico y se resisten a cambiarlo antes de haber amortizado sus inversiones. 

Argumentan que cualquier decisión de interrumpir la extracción de las reservas localizadas en el subsuelo llevaría también a anular billones de dólares de sus activos, que son el valor de esas reservas, lo cual afectaría al sector financiero mundial. 

Pero hay que reconocer que, con los desiertos en expansión, los suelos erosionándose y las temperaturas subiendo a niveles desconocidos, los pronósticos del efecto del calentamiento global son cada vez más preocupantes.

Así se ha reconocido en la reciente Conferencia Mundial de Cambio Climático, de Lima. Los participantes han acabado pactando el documento de base con el que trabajar en París a finales del 2015, a fin de evitar que la temperatura de la Tierra continúe subiendo.

martes, 16 de diciembre de 2014

EL PRECIO DEL PETRÓLEO


El petróleo vuelve a convertirse en un factor importante para las perspectivas económicas de los países. Tras un período de cierta estabilidad, la cotización ha caído en más del 35% desde junio pasado. 

Los cambios bruscos en el precio del petróleo han provocado en el último medio siglo perturbaciones importantes. Las consecuencias negativas para los países importadores comenzaron en la década de los años setenta del siglo pasado, con las guerras de Oriente Medio y la formación del cartel de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Las subidas fueron tan importantes que el precio se duplicó a lo largo de la década. 

El petróleo osciló en torno a los 20 dólares por barril en los años noventa, pero a partir de la guerra de Irak (2003) y con el aumento de la demanda de crudo por parte de China y la India, los precios experimentaron grandes subidas, hasta alcanzar en 2008 los 140 dólares del barril, tal como se ve en el siguiente gráfico:


Hay que tener en cuenta que los precios del crudo están en dólares nominales, sin descontar las subidas del IPC, y que al apreciarse el euro frente al dólar, el coste de las importaciones se hizo menos pesada para Europa 

La crisis del petróleo de los años setenta coincidió con una etapa de profunda inestabilidad política en España por los últimos años de la dictadura y los albores de la nueva democracia. Se tardó en reaccionar ante la crisis, debido a que el país estaba más centrado en la transición política que en las fluctuaciones económicas. 

El resultado fue la entrada en una recesión, con desequilibrios presupuestarios, fuerte crisis industrial y energética, alta inflación y desempleo creciente. El intento de salida de la crisis se plasmó en los Pactos de la Moncloa de 1977, que impusieron sacrificios a los ciudadanos a cambio del establecimiento del Estado del Bienestar

La subida del precio del petróleo de 1992-1993, formando ya el país parte de la Comunidad Económica Europea, provocó una crisis corta, que el Gobierno afrontó con un programa de estabilización y las tradicionales devaluaciones de la peseta.

Los incrementos del petróleo provocan siempre un alza del IPC y una disminución del PIB, pero los efectos negativos se han reducido casi a la mitad entre las crisis de los 70 y los padecidos en los años 2000. Una explicación suele ser que, al tener menos capacidad de negociación, los trabajadores se han mostrado más dispuestos a aceptar una reducción de los salarios, absorbiendo así una parte de las consecuencias negativas para las empresas. 

Otra posible explicación sería la mayor eficiencia en el uso de la energía. La cantidad que se necesita para conseguir una unidad de producto ha disminuido, con lo cual el efecto en los costes de la subida del petróleo va siendo cada vez menor. 

Parece que en los últimos meses estamos asistiendo a un cambio notable en la trayectoria de los precios del petróleo. Los miembros de la OPEP no llegaron a un acuerdo para reducir la producción de crudo en la reunión celebrada a finales de noviembre en Viena, y la fuerza de Arabia Saudí y los países del Golfo se ha impuesto a la de Estados como Ecuador, Venezuela y Rusia, que defendían un recorte de la producción para elevar los precios, debido a que sus presupuestos dependen de forma significativa del precio del crudo. 

Por ahora, la estrategia de la OPEP (Arabia Saudí produce la tercera parte del cártel) ha consistido en aumentar la producción. Este incremento, junto al crecimiento observado en EEUU en la producción obtenida a través del “fracking”, se ha traducido en exceso de oferta de crudo, que ha llevado al barril a una caída superior al 35% en lo que va de año. 

Una de las consecuencias de la bajada de los precios del crudo será que la inflación continúe muy baja en el corto plazo en la mayoría de las economías avanzadas. Además, la combinación de un petróleo con precios más bajos y un euro más barato debería servir para activar en los próximos trimestres la renqueante economía de la Eurozona.

martes, 9 de diciembre de 2014

LA EVOLUCIÓN DE LAS RETRIBUCIONES LABORALES


La Comisión Europea, en su documento “ECFIN Country Focus”, de la Dirección General de Asuntos Económicos y Financieros, ha denunciado en su informe de noviembre que el recorte de salarios producido en España durante la crisis ha sido "lento, ineficaz e injusto", ya que ha perjudicado especialmente a los trabajadores temporales, y que los resultados exigen una reforma de la legislación del mercado laboral.

En el siguiente gráfico tenemos la evolución de los salarios reales medios en España según tipo de contrato en los últimos seis años:

Observamos en el gráfico la caída del conjunto de los salarios reales (azul oscuro), que en los contratos temporales (azul claro) ha sido mucho más pronunciada, un 20% en el conjunto de los años, que la producida en los fijos (amarillo), no superior al 5%. 

Los salarios se fijan habitualmente mediante una negociación colectiva entre empresas y trabajadores, bien en el ámbito sectorial o a nivel de empresa. También se determinan mediante un acuerdo bilateral entre la empresa y el trabajador, sobre todo cuando se trata de profesionales cualificados.

Las empresas pueden pagar un salario más alto que el resultante de una negociación, a fin de reducir la tasa de rotación de los trabajadores y elevar su productividad. A este tipo de retribución se le denomina “salarios de eficiencia”.

El poder de negociación de un trabajador depende de los costes que tendría para la empresa su sustitución si la abandonara y de la facilidad del trabajador para encontrar otro empleo. La sustitución será más difícil cuanto más integrado esté el trabajador en la empresa y sea mayor su cualificación. Influye también la situación del mercado de trabajo, porque cuanto más elevada sea la tasa de desempleo, será más fácil para la empresa encontrar un sustituto.

Estos últimos años los trabadores españoles están aceptando salarios más bajos precisamente por el nivel elevado de desempleo del país. Según datos de la Agencia Tributaria (sin anualizar las retribuciones temporales o parciales), en el año 2013 había en España 16,6 millones de personas trabajando por cuenta ajena. De ellas, más de 7,73 millones (46%), cobraron un sueldo de menos de 1.000 euros al mes. Y la remuneración de 5,7 millones de personas (34%) fue de 9.034 euros netos anuales o menos, repartidos en 14 pagas, lo que resulta de promedio 645 euros al mes, exactamente los que corresponden al Salario Mínimo Interprofesional (SMI).

Muchos economistas vienen advirtiendo que la reducción continuada de salarios difícilmente puede argumentarse como una estrategia de largo plazo para mejorar la competitividad, porque lleva al incremento de la desigualdad y al deterioro de las condiciones de vida, que acaban también perjudicando al funcionamiento de la economía.

martes, 2 de diciembre de 2014

POBLACIÓN ACTIVA, DESEMPLEO Y FLUJOS

La Encuesta de Población Activa (EPA) es un estudio que está obligado a realizar cada país de la Unión Europea, con el objetivo de obtener información sobre la actividad de las personas en edad de trabajar. Se considera a la EPA como el mejor indicador del empleo y del desempleo en un país.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) es el encargado de realizar la encuesta en España, recogiendo con periodicidad trimestral la información de 60.000 familias, equivalentes a 200.000 personas

La EPA aporta información sobre la población en edad activa o número de personas potencialmente disponibles para trabajar, es decir, los comprendidos entre 16 y 64 años. Establece también la población activa del país, que es el total de personas que están trabajando o buscando trabajo. Las personas que no trabajan en el mercado ni buscan empleo constituyen el colectivo de inactivos.

En el tercer trimestre de 2014, la población activa en España experimentó un descenso de 44.200 personas  y se situó en 22.931.700. Esta disminución es de una magnitud similar al descenso de la población de 16-64 años (43.100 personas).  

La tasa de actividad es el cociente entre la población activa y la población en edad de trabajar. Ha ido aumentando en las últimas décadas con la  incorporación de las mujeres al mercado de trabajo. La tasa de actividad española se sitúa en el 59,53%.

El cociente entre los desempleados y la población activa es la tasa de desempleo. El paro desciende este trimestre en 195.200 personas. El número total de parados se sitúa en 5.427.700. La tasa de paro global alcanza el 23,67%, pero en el colectivo de jóvenes hasta 25 años llega al 52,38%.

Hay que tener en cuenta que la tasa de desempleo no tiene en cuenta  a las personas que trabajan a tiempo parcial deseando hacerlo a tiempo completo. Como entre el tiempo de trabajo contratado y el tiempo deseado la persona está parada, la tasa de desempleo real en España se estima que en el tercer trimestre podría alcanzar en torno al 34%.

Pero una tasa de desempleo puede reflejar realidades diferentes: un mercado de trabajo activo, en el que hay muchas bajas y muchas contrataciones, o bien, un mercado con pocas bajas, pocas contrataciones y un colectivo de desempleados estancado.


Como vemos en el gráfico, en el tercer trimestre de este año salieron del desempleo en España 1.734.000 personas. Teniendo en cuenta que el desempleo total fue de 5.427.700, las salidas representan un 32%, lo cual quiere decir que, como promedio, el desempleo dura 3,1 trimestres (1/0,32), es decir, 9 meses y medio, un período mucho más elevado que el de otros países europeos, tales como Francia (2,5 meses) y Reino Unido (3,6 meses).

Pero el promedio del tiempo de desempleo español esconde la amarga realidad del paro de muy larga duración. La EPA estima que en el 2013 había 1.275.700 de parados, cerca de la cuarta parte, que llevaban más de 3 años en desempleo.


Como las probabilidades de encontrar ocupación descienden con la duración del desempleo, puesto que van depreciándose los conocimientos y las habilidades de los trabajadores, el elevado paro estructural o de largo plazo va a ser posiblemente la herencia más difícil de afrontar que deje la crisis. 

martes, 25 de noviembre de 2014

LOS TIPOS DE CAMBIO

Cuando un país está abierto a los mercados financieros internacionales, la inversión nacional ya no está limitada por el ahorro interior, porque puede captar ahorro extranjero contratando préstamos.  Pero sucede también que el país se ve afectado por  los flujos de capital, movimientos de entradas y salidas de fondos, capaces de influir en su estabilidad financiera.

El eje del sistema financiero internacional es el mercado de divisas, conocido como FOREX (Foreing Exchange), en el que se compran y se vender las monedas de los distintos países, a través de terminales informáticos en todo el mundo, con tres centros principales: Londres, Nueva York y Tokio.

El tipo de cambio nominal

El tipo de cambio nominal, que es el precio de la moneda del país expresado en la moneda extranjera, indica el importe al que una moneda se puede intercambiar por otra. Es el precio relativo entre ellas. Si se dice que 1€=1,30$,  se está afirmando que para comprar un euro se tienen que pagar 1,30 dólares. A veces se utiliza también la expresión inversa: 1$ = 0,77€.

Cuando los tipos de cambio vienen fijados por la oferta y demanda, sin intervención de los Gobiernos, se llaman sistemas de tipos de cambio flexibles. Las variaciones de las monedas reciben el nombre de apreciación y depreciación. Pero, en algunos casos,  los Gobiernos suelen tratar de suavizar las fluctuaciones del mercado de divisas interviniendo en la compra o venta de  monedas. Tal intervención da lugar al denominado “sistema de flotación sucia”.

Hay también países que utilizan un sistema de tipos de cambio fijos, en los cuales las variaciones únicamente se producen por decisiones del Gobierno. En este caso, las variaciones de los tipos de cambio se denominan revaluación y devaluación. Así, como ejemplo cercano, podemos citar la creación de la Unión Económica y Monetaria (UEM), al comienzo de 1999, que supuso fijar de modo permanente los tipos de cambio entre las monedas. A partir del 2002, las monedas nacionales se sustituyeron por el euro, que funciona como un sistema de tipos de cambio flexibles en relación a las demás divisas.


En el gráfico tenemos la cotización del dólar en la segunda quincena de octubre y a comienzos de noviembre. Se observa una tendencia a la depreciación del euro, puesto que su cotización ha descendido de 1,28 dólares a mediados de octubre a cerca de 1,24 un mes más tarde.

Hay tres motivos para que los ciudadanos y empresas de la Eurozona quieran comprar moneda extranjera y, por tanto, facilitar euros al mercado de divisas: a) adquirir productos fabricados en otros países (importaciones), b) realizar inversiones fuera del país y c) especular con las variaciones en los precios relativos entre monedas.

El primer motivo se refiere al comercio internacional de bienes y servicios, es decir, las importaciones y exportaciones, que obliga, por ejemplo, a los países de la Eurozona a convertir sus euros en dólares para adquirir productos de países del área del dólar. A los países extranjeros les corresponderá comprar euros para importar productos europeos.

El segundo motivo que influye el tipo de cambio es, como hemos indicado, el flujo que resulta de recibir y prestar fondos, movimientos habituales en el mercado financiero global, para tratar de maximizar los beneficios a base de trasladar el dinero allí donde la rentabilidad sea mayor.

Si las inversiones en la Eurozona dan mayor rendimiento, los extranjeros desearán comprar, por ejemplo, bonos del Tesoro de países europeos y, por ello, necesitarán nuestra moneda, con lo que aumentará la demanda de euros. Una mejora en la rentabilidad de los fondos americanos hará  que inversores europeos compren títulos en EE.UU, ofreciendo euros para hacerse con dólares. Con tales operaciones, el tipo de cambio euro/dólares irá fluctuando según sean los volúmenes de contratación.

El tercer elemento que incide en el tipo de cambio es la especulación, porque la demanda de un activo está en función de las expectativas acerca de su precio en el futuro. Tengamos en cuenta que el dinero de cualquier país es un activo. Si, como ocurre ahora, se espera que el dólar siga aumentando su valor respecto del euro, los inversores tenderán a comprar dólares para conservarlos durante un tiempo y obtener una rentabilidad al venderlos.  Por tanto, las expectativas sobre los tipos de cambio futuros inciden en la cotización actual a través de las contrataciones de divisas. Es la especulación cambiaria.

El tipo de cambio real

Para elegir entre los bienes interiores del país y los bienes extranjeros no es suficiente el tipo de cambio nominal. Necesitamos saber el tipo de cambio real, que es el valor de los bienes del país expresado en  bienes extranjeros. Se calcula multiplicando el tipo de cambio nominal por el cociente entre el nivel interior de precios y el nivel de precios del país extranjero, expresados estos últimos en  números índices, que  son medidas estadísticas utilizadas para analizar variaciones de magnitudes.

Por ejemplo, aunque la cotización oficial sea de 1€=1,25$, sucede muchas veces que no podemos comprar lo mismo con un euro en España que con 1,25 dólares en EE.UU. Por eso se dice que la cotización oficial es un tipo de cambio nominal. Si, en un momento dado, el nivel de precios es en EE.UU. un 5% superior al de España, compraremos de hecho el 95% (1/1,05) de lo que podríamos adquirir en nuestro país, lo cual quiere decir que el tipo de cambio real es 1€=1,19$ (1,25/1,05, o bien, 1,25x0,95), aproximadamente.  


Los niveles de precios se suelen calcular con los deflactores del PIB de cada país (números índices), es decir, los resultantes de calcular los valores medios de las variaciones de todos los precios de los bienes y servicios  (consumo e inversión) producidos dentro de cada país, aunque también pueden utilizarse los índices de precios de consumo. 

martes, 18 de noviembre de 2014

LA DETERMINACIÓN DEL TIPO DE INTERÉS


El Banco Central Europeo (BCE) bajó en  octubre  pasado por sorpresa los tipos de interés de la refinanciación a los bancos en la zona del euro desde el 0,15% hasta el mínimo histórico del 0,05%, por la amenaza de deflación. 


El presidente del BCE ha advertido de nuevo en la conferencia de prensa de este mes que, si continúa el riesgo de que la inflación siga en mínimos durante más tiempo de lo previsto, tomará nuevas medidas. Según ha avanzado Draghi, el consejo del banco es "unánime" en este punto y, de hecho, ya está preparando estas medidas adicionales, lo que invita a pensar que finalmente habrá una compra masiva de deuda, a fin de facilitar nuevos flujos de crédito a la economía 


En el siguiente gráfico vemos la evolución descendente de los diferentes tipos de interés (euribor, depósitos, bonos a 10 años, préstamos a empresas y hogares), como consecuencia de la política expansiva del BCE. 


Vamos a comentar cómo la oferta de dinero del BCE y de los bancos, junto a la demanda de dinero, determinan los tipos de interés. Como el término “dinero” puede tener distintos significados, aquí nos referimos al efectivo (monedas y billetes) que ofrece el banco central y a los depósitos a la vista (cuentas corrientes) de los bancos. 

La demanda de dinero
La gente demanda dinero por dos motivos: a) realizar transacciones, es decir, pagar las compras que realiza, y b) guardarlo como parte de su riqueza, especialmente en épocas de recesión, dado que el dinero, como activo financiero, tiene un valor. 

Las familias pueden invertir sus ahorros en dos tipos de activos financieros: el dinero y el “bono” (bonos del Tesoro y fondos de inversión, por ejemplo). El dinero es necesario para realizar transacciones, pero no genera rendimientos. En cambio, los bonos y los fondos rinden intereses, pero no se pueden utilizar para realizar compras. 

La cantidad de dinero que una familia necesita depende de su nivel de transacciones. Por ejemplo, una familia que tiene ahorrados 30.000 euros, si gasta 2.000 euros al mes y quiere tener en dinero, en promedio, el equivalente a 3 meses, es decir, 6.000 euros, invertirá en bonos 24.000 euros (30.000 – 6.000). 

El motivo para invertir en bonos es el rendimiento que ofrecen. Cuanto menor sea el interés (como ocurre en estos momentos), la gente optará por tener una parte mayor de sus ahorros en dinero, puesto que es disponible para cubrir las necesidades inmediatamente. 

Por lo tanto, podemos señalar que la demanda de dinero aumenta con el nivel de la renta (transacciones de mayor importe) y desciende con el aumento del tipo de interés (mayor parte dedicada a comprar bonos o fondos de inversión) 

La oferta de dinero
El Banco Central Europeo, al igual que el resto de los bancos centrales de los países, modifica la oferta monetaria comprando o vendiendo bonos en los mercados financieros. Si quieren aumentar la cantidad de dinero en circulación en una economía, compran bonos y los pagan creando dinero. Es lo que está haciendo el BCE estos meses. Si desean reducir el volumen monetario, venden los bonos y retiran dinero de la circulación. 

Los bancos, cajas de ahorro y cooperativas de crédito son intermediarios financieros especiales con autorización legal para que los clientes que tienen su dinero en forma de depósitos puedan pagar sus transacciones girando cheques o haciendo transferencias contra sus cuentas. Por eso calificamos a los depósitos bancarios como dinero. 

Pero los bancos no se limitan a utilizar el dinero de sus clientes, sino que crean nuevo dinero, porque sólo están obligados a tener como reserva una pequeña parte de los depósitos que les confía el público. 

Veamos cómo se crea el dinero bancario con un ejemplo. 




La persona X entrega 500 euros al Banco A, que lo anota en su “Caja” y como “Depósito” A(1). El siguiente movimiento del Banco A(2) será guardar en “Caja” como reserva lo que necesita para atender los reintegros que le soliciten (por ejemplo, 10%) y por el resto, 450 euros, conceder un “Crédito” (ese es su negocio) a la persona Y. 

La persona Y deposita el dinero del crédito (suponemos, para simplificar, que sin retener dinero en su poder) en el Banco B, que lo anota en “Caja” y como “Depósito”, ambos en el banco B(1). Al igual que hizo el Banco A, guarda un 10% (45 euros) y concede crédito por el resto (405 euros) a Z, que lo anota tal como aparece en el banco B(2). Y el proceso de expansión del dinero continúa. 

Si sumamos los depósitos de las personas X y de Y, observamos que el importe del dinero bancario total ha subido a 950 euros. La secuencia a la que irá creciendo, con una retención para reservas (coeficiente de caja) del 10% será la siguiente: 

500 + 450 + 405 +… = 500(1+0,90+0,81+…) 

En el paréntesis se forma una progresión geométrica descendente de razón 0,9, cuya suma es 1/(1-0,9) = 10. Teniendo en cuenta que el depósito inicial desencadenante fue de 500, la suma de todas los depósitos acumulados en la economía, es decir, la creación de dinero será 5.000 (500 x 10). 

Este es el proceso conocido como creación y expansión del dinero bancario. El multiplicador del dinero (10 en el ejemplo) convierte cada entrada de dinero primario en oferta monetaria (10 veces el depósito inicial), utilizable en las transacciones comerciales del país. 

La determinación del tipo de interés 

En el siguiente gráfico observamos el equilibrio entre la demanda de dinero, que aumenta al reducirse el tipo de interés, y la oferta de dinero, que viene fijada por el banco central y los bancos comerciales, determinando entre ambas el tipo de interés, que es el precio del dinero. 


Con la “Demanda (0)” y la “Oferta (0)”, el tipo de interés se sitúa en i0. Si aumenta la renta y la demanda de dinero crece desplazándose hasta el nivel “Demanda (1)”, el tipo de interés asciende a i1, como señala la flecha amarilla ascendente. 

Pero si el objetivo es mantener el anterior nivel de tipo de interés para estimular la actividad económica, el banco central, acompañado por los bancos comerciales, puede contrarrestar ese incremento (flecha amarilla descendente) con un aumento de la oferta monetaria hasta “Oferta (1)”, situando de nuevo el nivel de interés en i0. 

La política monetaria de los bancos centrales acostumbra a fijar el tipo de interés y después van ajustado la cantidad de dinero hasta conseguir el tipo que desean mantener en vigor.

martes, 11 de noviembre de 2014

LA PARADOJA DEL AHORRO

La tasa media de ahorro de las familias españolas se situó en el segundo trimestre de 2014 en el 15,3% de la renta disponible, que está formado por retribuciones del trabajo y del capital más transferencias públicas (subsidio de desempleo y pensiones) menos impuestos. 

Durante los primeros años de la crisis actual, el ahorro aumentó del 10% al 18% de la renta disponible, pero a partir del 2010 ha descendido por la caída de los ingresos de las familias.

Recordemos que el ahorro interno de una economía es la suma del ahorro privado (familias y empresas) y el ahorro público o de las Administraciones Públicas. 

El ahorro público se obtiene de deducir a los impuestos el gasto público, incluidas las transferencias (pensiones y subsidio de desempleo). Cuando un país tiene déficit presupuestario, como sucede estos años en España, decimos que el ahorro público es negativo. 

El mercado de oferta y demanda de bienes y servicios de un país está en equilibrio (estable) cuando el importe que desean invertir las empresas es igual al ahorro que deciden realizar las familias y las Administraciones Públicas. Equivale a la situación en la que la producción de bienes y servicios es igual a la demanda. 



En el gráfico tenemos la evolución tanto de la inversión como del ahorro interno del país. Observamos que en el momento álgido de la burbuja inmobiliaria (2008) la inversión fue del orden de 350.000 millones de euros y el ahorro interno no pasó de 225.000 millones, aproximadamente. El desfase se cubrió con préstamos que nos hicieron otros países, que fue generando la tan comentada deuda externa, que ahora resulta difícil de devolver. 

Con una determinada renta disponible, si las familias aumentan su nivel de ahorro reducen el consumo, con lo que disminuye la demanda, las empresas producen menos cantidad de bienes y bajan los salarios y dividendos. Por lo tanto, la renta disponible de las familias cae y el ahorro acaba reduciéndose. 

Esta es la paradoja del ahorro o paradoja de la frugalidad. Cuando las familias intentan ahorrar más, la producción puede disminuir y el proceso suele terminar con la reducción del ahorro. Por tanto, se puede provocar un empeoramiento económico en el corto plazo.

A medio y largo plazo, una mayor tasa de ahorro, que permita elevar el nivel de acumulación de capital físico y el incremento de la inversión en educación y formación, elevará la producción, con lo que se podrá ofrecer un mayor bienestar a las generaciones futuras. 

Pero no debemos olvidar que el ahorro es un acto pasivo. Serán las decisiones de inversión y consumo las que generen demanda e impulsen el crecimiento económico poniendo en funcionamiento recursos ahora no utilizados, como ese 24% de parados españoles, aunque el incremento del paro estructural (largo plazo), que los analistas del BBVA estiman en torno al 18%, es un aviso de las enormes dificultades que habrá que superar para reducir de modo significativo el nivel de desempleo.

martes, 4 de noviembre de 2014

LA COMPOSICIÓN DEL PRODUCTO INTERIOR BRUTO

El Producto Interior Bruto (PIB) es el valor monetario de los bienes y servicios finales producidos por una economía en un período determinado. Es un indicador que se utiliza para medir la evolución económica de un país.

En su versión como flujo de gastos, el PIB indica el destino de los distintos bienes y servicios producidos en una economía. Vamos a ver la descomposición del PIB español, utilizando la información aportada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) del año 2013, con datos a precios corrientes (euros de cada año), y la previsión de los diferentes componentes para el año 2015, según el Escenario Macroeconómico presentado por el Gobierno, en el que prevé un crecimiento del 2%.


El consumo familiar es el primer componente del PIB y engloba a los bienes y servicios comprados por los consumidores de los hogares, tales como alimentos, vestidos, electrodomésticos  y automóviles. No incluye la adquisición de la vivienda porque, como veremos, es considerada como inversión.

El consumo depende fundamentalmente de la renta disponible, es decir, de los ingresos de las familias una vez que hayan recibido las transferencias de la Administración Pública (si son pensionistas o se encuentran en paro, por ejemplo) y paguen los impuestos.

El consumo suele ser el mayor componente del PIB de un país. Como vemos en el cuadro, el consumo familiar de España absorbe un 58,2% de la producción del país, en tanto que grandes países europeos como Francia y Alemania consumieron en el 2012 un 56,2% y un 54,5%, de sus respectivas producciones anuales.

El Gobierno español ha estimado una expansión del 2,1% del consumo privado para 2015, pero si el ritmo de crecimiento del consumo hubiese tocado techo en el segundo trimestre de 2014, como lo indican los datos más recientes, difícilmente  se alcanzará la previsión.

La inversión es el segundo componente. Hay que diferenciar la inversión fija de la inversión en existencias. La primera, a su vez, puede referirse a la compra de instalaciones y equipamientos (inversión empresarial), o bien, a la compra de nuevas viviendas por parte de los ciudadanos (inversión residencial)

Como no tiene por qué coincidir la producción y las ventas de un año, la diferencia es la inversión en existencias, que será positiva si la producción es superior a las ventas y negativa en caso contrario.

La inversión total española representó el 19% del PIB, incluyendo la compra de instalaciones y equipamientos empresariales, la construcción y el pequeño incremento de las existencias.

El objetivo para 2015 está cifrado en un aumento del 4,4%, pero no será fácil alcanzarlo porque el crecimiento de la inversión en bienes de equipo comenzó a desacelerarse en el segundo trimestre de este año.

El gasto público constituye el tercer componente del PIB. Recoge los bienes adquiridos por las Administraciones Públicas y el coste de los servicios suministrados por los empleados públicos. Se considera que la Administración Pública compra los servicios y después los ofrece a los ciudadanos gratuitamente. El gasto público junto con los impuestos conforma la política fiscal. 

No se incluyen en el PIB como gasto público las transferencias de la Administración Públicas, tales como pensiones y subsidio de desempleo, ni tampoco los intereses de la deuda pública, porque no se consideran compras de bienes y servicios.

Si sumamos las transferencias a los gastos públicos generadores de PIB, el gasto total gestionado por la Administración Pública asciende al 44% de PIB español. El Gobierno estima que durante 2015 el consumo público caerá un 1%.

El último componente del PIB recoge las relaciones económicas del país con el resto de mundo. Como las exportaciones de bienes y servicios del año 2013 superaron a las importaciones, el saldo neto de 3,5% del PIB supuso una aportación positiva a la producción del país.

Aunque el Gobierno estima que en el 2015 las exportaciones aumentarán un 5,2% y las importaciones el 5%, en el período enero a agosto de este año las exportaciones sólo crecieron un 1,5% respecto al mismo período del año pasado, en tanto que las importaciones ascendieron un 3,75%.


A juzgar por los datos disponibles, parece que el Gobierno ha sido bastante optimista al estimar la evolución de los componentes del PIB para el 2015. 

martes, 28 de octubre de 2014

LAS MAGNITUDES MACROECONÓMICAS


Tanto la prensa escrita como la televisión recogen habitualmente noticias sobre las tres principales variables macroeconómicas de un país: la producción agregada, con el PIB como indicador; el desempleo, que se cuantifica sobre todo por la Encuesta de Población Activa (EPA), y la subida del nivel general de precios, que viene medida por el índice de precios de consumo (IPC) y el deflactor del PIB. Vamos a resumir el significado de esas variables y la evolución de los indicadores citados en la economía española.

Fue al final de la Segunda Guerra Mundial cuando se formuló en la mayoría de los países el Sistema de Contabilidad Nacional, a fin de elaborar un indicador de la actividad agregada o total, al que se denominó Producto Interior Bruto (PIB).

El PIB de un período puede determinarse a través de tres vías: a) el valor de los bienes y los servicios finales producidos (no los bienes intermedios, que se van a utilizar para obtener los finales); b) la suma del valor añadido (producción menos bienes intermedios utilizados), y c) la suma de las rentas de trabajo y de capital generadas.

El valor monetario de los bienes y servicios finales producidos utilizando los precios corrientes se denomina PIB nominal. Si calculamos el PIB a precios constantes, es decir, eliminando  la influencia de la variación de los precios, obtenemos el PIB real.



El gráfico representa la evolución del PIB real español en porcentajes trimestrales en la última década. El PIB generado por la economía española registró un crecimiento trimestral del 0,6% en el segundo trimestre de 2014. Las estimaciones del Banco de España señalan que en el tercer trimestre  el incremento se ha reducido al 0,5%.

En términos anuales, la tasa de crecimiento es del 1,2%, siete décimas mayor que la calculada en el trimestre anterior, al haber aumentado la demanda nacional, contrarrestada en parte por una contribución negativa del sector exterior.

La segunda variable importante es el desempleo: las personas que no tienen empleo pero están buscándolo. El colectivo formado por los desempleados más los ocupados constituye la población activa. Si dividimos los desempleados entre la población activa obtenemos la tasa de paro.

Las personas que no tienen empleo ni lo están buscando se consideran inactivas. Cuando el nivel de paro es elevado, hay personas desempleadas que dejan de buscar trabajo y engrosan el colectivo de trabajadores desanimados.



El número de parados tiende a disminuir en España desde hace dos años, aunque a un ritmo muy lento. En el tercer trimestre de 2014 ha descendido en 195.200 personas y se sitúa en 5,4 millones (23,67%)

Hay 151.000 nuevos empleados, pero el número de activos se reduce en 44.200. La suma de ambos grupos (los que encuentran empleo y los que dejan de buscarlo) da el número de personas (195.200) que abandonan la condición de parados.

La inflación es la tercera gran variable macroeconómica. Supone una subida del nivel de precios. La deflación, el efecto contrario, es el descenso continuado del nivel general de precios. 

Existen dos medidas  de la inflación: el IPC, que es el aumento de  precio de los bienes y servicios que se consumen, y el deflactor del PIB, que recoge la variación de todos los bienes y servicios que produce el país, incluidos tanto los que componen la cesta de la compra como los elementos productivos que compran las empresas.



Las variaciones del  índice general, que son negativas desde el verano pasado, como observamos en el gráfico, vienen muy influidas por las alteraciones del precio del petróleo.  En cambio, el índice subyacente, que no incluye los productos energéticos ni los alimentos sin elaborar, es más estable.

Ambos métodos dan en general valores parecidos, pero difieren en ciertos momentos. Así, cuando el precio del petróleo sube,  el IPC suele aumentar más que el deflactor (afecta al consumo pero no se produce en el país) y ocurre lo contrario cuando el precio de los bienes importados baja en relación con los producidos en el país.

martes, 21 de octubre de 2014

FLUCTUACIONES DE LA INVERSIÓN



El gráfico que reproducimos a continuación recoge la evolución del consumo y de la inversión en España desde el 2007, año en que comienza la crisis financiera:




El consumo y la inversión privada son los dos componentes más importantes del Producto Interior Bruto (PIB) del país. Aunque el consumo tiene mayor peso (58% del PIB), las variaciones del gasto agregado son debidas sobre todo a la inversión (17,7% del PIB en 2013).

Como observamos en el gráfico, la inversión privada es una variable mucho más inestable que el consumo. Así, en el 2009, año del mayor descenso del producto del país, el consumo disminuyó el 3,8% y la inversión cayó nada menos que el 18,3%

La inversión privada recoge tres grandes apartados: a) instalaciones y equipos, que son compras de nuevos bienes de capital (edificios, maquinaria y equipos, ordenadores, software…); b) inversión en existencias, tanto de materiales como de productos para vender, y c) inversión residencial, es decir, compras de nuevas viviendas por las familias. Vamos a desarrollar los dos primeros apartados, que constituyen la inversión empresarial.

Las empresas realizan inversiones productivas cuando los rendimientos futuros que esperan sean suficientes para compensarles los riesgos en que incurren. Como en la mayoría de las ocasiones, la inversión se financia en parte con crédito, un tipo de interés más elevado aumenta el coste de realizar la inversión, lo cual quiere decir que habrá menos proyectos con rendimiento suficiente para compensar los intereses y generar beneficios. Es razonable, por tanto, que el incremento de los tipos de interés real (interés nominal menos la inflación) ocasione una reducción del volumen de inversión.

La experiencia de estos últimos años nos indica que, en un período de recesión, los bancos reducen el nivel de los préstamos concedidos, porque están menos dispuestos a afrontar los riesgos de un incremento de impagos. Por lo tanto, además del coste de la financiación, también la dificultad de disponer de fondos afecta a la inversión.

Los riesgos que llevan los proyectos de inversión hacen que sean tan inestables. Los cambios de expectativas sobre el futuro se producen con tal rapidez y contundencia que sorprenden muchas veces a los responsables de las empresas. Como hemos observado recientemente, la entrada en recesión reduce inmediatamente el nivel de las inversiones, puesto que caen las expectativas de beneficios futuros y disminuye la predisposición de afrontar riesgos. En este contexto, una política de reducción del tipo de interés apenas consigue incrementar la inversión.

El segundo componente de la inversión privada, las variaciones de existencias de materiales y productos para la venta, es muy inestable. Como las empresas tratan de mantener un ritmo constante de producción, aumentan los stocks cuando las ventas se reducen y los venden cuando se recuperan.

Cuando la economía se desacelera, se almacenan existencias de modo involuntario, lo cual tiene un efecto contractivo en la producción. Las variaciones de producción inducidas por las existencias dan lugar a los llamados ciclos de inventario.

Según el Cuadro Macroeconómico que ha presentado el Gobierno, la demanda nacional mostrará en el 2015 un comportamiento positivo, que se sustenta en el aumento de la inversión en bienes de equipo (+6%) y en la recuperación del sector de la construcción (+3,1%). 

 Pero la realidad es que, al comenzar la crisis financiera, la inversión llegó a alcanzar el 30,7% del PIB y cinco años más tarde está en poco más de la mitad (17,7%). La inversión pública en infraestructuras y nuevos servicios, que solía representar en torno al 3% del PIB, se ha frenado en seco y la inversión privada avanza con dificultades porque las empresas tratan de reducir su deuda y los bancos no dan facilidades en la concesión de créditos.

martes, 14 de octubre de 2014

LA IMPORTANCIA DE LAS EXPECTATIVAS


El precio de un activo para invertir depende de tres atributos básicos: rendimiento, riesgo y liquidez. Pero en muchas ocasiones, sin que medien circunstancias extraordinarias que afecten a los atributos, las curvas de oferta o de demanda de un activo se desplazan de modo tan drástico que causan importantes movimientos en el precio.

El primer caso paradigmático fue el precio de los bulbos de tulipán en Holanda a comienzos del siglo XVII. Llegaron a cotizarse al precio de una modesta vivienda, pero al poco tiempo perdieron casi todo su valor. En el siglo XX, el precio del oro pasó en la década de 1980 de 98 a 613 dólares la onza (ahora se cotiza en torno a 1.225). Y el 19 de octubre de 1987, el valor de las acciones en Wall Street cayó un 25%, sin que tampoco se conociera ninguna circunstancia especial para tamaño descalabro.

La explicación hay que buscarla en el importante papel que desempeñan las expectativas en el mercado de activos. La demanda actual de un activo no depende sólo del rendimiento inmediato que otorga, sino de las expectativas de lo que valga en el futuro.

La economía keynesiana ya señalaba el papel que juegan las expectativas en el ciclo económico. Unas expectativas favorables animan a realizar proyectos de inversión, que provocan una fase expansiva en la economía. En cambio, cuando las perspectivas son desfavorables se contrae la demanda y puede conducir a la recesión.

Un buen ejemplo de la influencia de las expectativas lo tenemos en la evolución del sector inmobiliario en España. En el gráfico que reproducimos a continuación se señala la evolución del precio del metro cuadrado de vivienda nueva en los últimos 30 años:
 



Como puede observarse, a partir de 1997, la compra de viviendas se aceleró considerablemente, debido a los bajos tipos de interés vigentes tras la entrada en el euro, las facilidades concedidas por los bancos en busca de beneficios sabrosos y, sobre todo, las expectativas consolidadas de que los precios de las viviendas siempre irían subiendo. Se había llegado a compartir la confianza de que el ladrillo era una inversión segura y de buen rendimiento.

Las expectativas se forjan observando la experiencia del pasado cercano. Se espera que lo que ha sucedido en unos pocos años anteriores continúe ocurriendo en el futuro. Si el precio de la vivienda subió en España entre 1997 y 2007 a un ritmo anual en torno al 11,5%, con una inflación media anual no superior al 3,5%, se confiaba plenamente en que los años siguientes depararían buenas plusvalías. Resultaba increíble la idea de que una vivienda pudiera bajar de precio, aun cuando los medios de difusión ya habían aireado la experiencia japonesa de la década de 1990, en la que los precios inmobiliarios bajaron drásticamente.

Y es lo que ha ocurrido también en España. La corrección de los precios del sector inmobiliario iniciada hace siete años parece que aún no ha concluido, como consecuencia de la lentitud con la que se está produciendo el ajuste.

Por tanto, al formular expectativas más vale no olvidar el conocido aforismo: “Cuando se trata de predecir el futuro, todas las bolas de cristal son turbias”

 

martes, 7 de octubre de 2014

LAS FLUCTUACIONES ECONÓMICAS


La crisis ha desmontado la ilusión de que las tasas de crecimiento de la década 1997-2007 suponían una moderación de los ciclos económicos. Hoy día volvemos la mirada a los principios de la macroeconomía, que afirman la recurrencia de las fluctuaciones económicas, con el agravante añadido de que los continuos movimientos de capitales especulativos pueden contribuir a ampliar esas fluctuaciones.

Lo cierto es que los países experimentan a lo largo de los años importantes alteraciones en el nivel de actividad económica. En el siguiente gráfico podemos observar la evolución de las tasas de variación anual del PIB español en el período 1980-2013:


Tras el período de expansión de mediados de los años 80 del siglo XX, que alcanzó su máximo en 1987, con un 5,5% de crecimiento, llegó la recesión de comienzos de los años 90, que hundió el PIB hasta el -1% en 1993. La economía trazó una “V” y vuelvió a la senda de expansión con rapidez, alcanzando de nuevo tasas elevadas de crecimiento en los cinco años siguientes, que culminaron en el 5% del 2000. 

En los primeros siete años de este siglo España creció a una tasa en torno al 3% anual, hasta que la gran recesión provocó descensos a partir del 2008, con el peor registro en el año 2009 (-3,8%). Los últimos cuatro años han sido de recesión, según la reciente revisión estadística.  

Una característica del ciclo económico español es que, ante la insuficiente capacidad de generar ahorro del país, se tiene que recurrir al ahorro extranjero, y el crecimiento se ve limitado por la evolución de la balanza de pagos, que suele sufrir un intenso deterioro en cuanto la economía empieza a crecer, debido al incremento de las importaciones

A España le cuesta mantener un ritmo de crecimiento moderado y las etapas de expansión van seguidas por períodos de crisis y fluctuaciones en forma de dientes de sierra, que reducen el potencial de crecimiento y crean incertidumbres en el entramado empresarial.

Las fluctuaciones de la actividad económica, las coyunturas o ciclos económicos, difieren entre ellos en duración e intensidad. En el período 1980-2013, según el gráfico, cada uno de los dos ciclos que se producen tiene una duración en torno a 15 años, con puntos de inflexión mínimos en 1980, 1993 y 2009. 

A comienzos de los años 1990, el hundimiento de los países del antiguo bloque del Este provoca una convulsión en la economía mundial, que pudo estar en el origen de la recesión del primer ciclo mencionado. En cuanto al segundo, en agosto de 2007 coincide con la aparición de las hipotecas basura de EE.UU., que se agravó en España por la explosión de la burbuja inmobiliaria.

La crisis económica ha tenido un fuerte impacto negativo sobre la capacidad productiva del país, a causa del menor crecimiento de la población y de la caída de las inversiones, que van a dificultar la reducción del componente cíclico del elevado desempleo que padecemos.

 

martes, 30 de septiembre de 2014

LA COMPETENCIA IMPERFECTA


Aunque se ha repetido muchas veces que los mercados son perfectos y eficientes, en la crisis actual se ha podido comprobar que tienen escasa capacidad para autorregularse. Oliver Blanchard, economista-jefe del FMI acaba de reconocer que hay rincones en los que la economía funciona “monstruosamente mal”, donde no hay para nada competencia y mercados perfectos.

Para que se dé la competencia perfecta, cada empresa no puede influir significativamente en el precio de equilibrio de su producto o servicio, dado que, entre otras condiciones, se supone que existen muchos compradores y vendedores.

Pero lo cierto es que la decisión de una empresa de ofrecer una cantidad determinada condiciona el precio que cobra. Ocurre también a la inversa: el precio que fije una empresa limita la cantidad que puede vender. Así sucede en los mercados de competencia imperfecta, en los que prevalecen los precios más elevados que en la competencia perfecta y los niveles de producción más bajos.

La existencia de fuertes barreras de entrada de nuevas empresas es uno de los distintivos de los mercados imperfectos. Las barreras pueden tomar la forma de ventajas en los costes y la necesidad de elevadas inversiones de capital para iniciar las actividades.



Vemos que, en situación de competencia perfecta (figura a), cada empresa, que no tiene capacidad para modificar las condiciones del mercado, vende su producción al precio establecido, en tanto que en competencia imperfecta (figura b) la empresa se enfrenta a toda la demanda de su producto, con lo que, para aumentar sus ventas, tiene que bajar los precios de toda la producción que vende (pendiente negativa de la demanda)

En ambos casos, a las empresas les conviene producir siempre que el ingreso adicional (marginal) de producir una unidad más sea superior al coste adicional (marginal). La situación será óptima cuando Ingreso Marginal = Coste Marginal.

La diferencia importante entre los dos tipos de competencia es que, si la empresa de competencia imperfecta aumenta su producción, con su curva de demanda de pendiente negativa, el precio desciende. El ingresos adicional (marginal) que obtiene es menor que el precio al que vende la última unidad, puesto que para venderla ha tenido que bajar el precio de todas las unidades. Esta circunstancia hace que el resultado óptimo se dé a un nivel de precio superior al de competencia perfecta y la cantidad producida menor. Por ello, el mercado imperfectamente competitivo resulta socialmente perjudicial en comparación con el de competencia perfecta

Se pueden distinguir tres mercados imperfectos: monopolio, oligopolio y competencia monopolística. 

El monopolio supone la existencia de una única empresa en un mercado y se apoya en barreras de entrada como el acceso exclusivo a cierto factor de producción (tecnología), la existencia de derechos legales (patentes y concesiones administrativas) y la ventaja en coste sobre posibles competidores (economías de escala)

Algunos monopolios reciben la denominación de “naturales” porque en ciertas actividades se desaconseja la existencia de varias empresas en el mismo mercado, al entender que una única empresa puede ser capaz de reducir el coste de la obtención del producto o servicio. Por ejemplo, el suministro a domicilio de agua.

Cuando unas pocas empresas se reparten el mercado se da la situación denominada oligopolio. El mercado está atendido por un pequeño número de empresas Así, en el sector eléctrico español destacan Iberdrola, Gas Natural y Endesa, y en el petrolero, Repsol, Cepsa y BP. Dado el alto nivel de interdependencia entre ellas, la estrategia que sigue una influye en las demás. Al igual que en el monopolio, las altas inversiones y la tecnología, al alcance sólo de grandes empresas, constituyen las barreras de entrada al sector.

Cuando las empresas oligopolísticas se asocian, manteniendo su independencia, para reducir la competencia en el mercado, se dice que han constituido un “cartel”, cuyo objetivo es beneficiase del reparto del mercado entre ellas.

En los mercados de los artículos que se encuentran en las grandes superficies, con productos de diferentes marcas, es muy frecuente la presencia de la competencia monopolística, que se sitúa entre la competencia perfecta, el monopolio y el oligopolio.

Su característica es que, siendo los artículos de varias empresas prácticamente iguales (una lavadora, por ejemplo), el diseño u otros rasgos, con la ayuda de la publicidad, hacen que los consumidores los perciban como productos diferenciados y estén dispuestos a pagar precios distintos por cada uno.

Se parecen a la competencia perfecta en que hay muchos compradores y vendedores, apenas hay barreras de entrada y toman como referencia los precios de las demás empresas. Pero se distinguen en que los productos están diferenciados. Cualquier artículo, según la empresa que lo fabrique, puede tener variaciones que le permitan ser, en algún aspecto, diferente a los demás artículos similares, de tal manera que la competencia no vendrá por precios sino por calidad, servicio de postventa, diseño u otros elementos. La ropa femenina puede ser un ejemplo de este tipo de competencia. La ventaja de este tipo de mercado es que permite la entrada de microempresas que, posicionándose poco a poco en el mermado, tienen la posibilidad de crecer.

Cuando las empresas tienen poder de mercado, es decir, que son capaces de elegir el precio a ofertar, pueden mejorar sus resultados con la “discriminación de precios”, segmentando el mercado. Venden un mismo producto a precios distintos a grupos de consumidores diferenciados.

Por ejemplo, las compañías aéreas discriminan a los usuarios según sean particulares o empresas y clientes importantes. Las empresas de telefonía ofrecen precios reducidos a los clientes potenciales, que no aplican a los ya contratados, aprovechando que los clientes anteriormente captados tienen unas demandas menos elásticas (menor reacción al precio), dados los costes de cambiar de compañía.

Como el poder de mercado de las empresas puede resultar abusivo, perjudicando a los consumidores, las autoridades públicas establece normativas antimonopolio y cierta vigilancia sobre sus actividades por medio de organismos como la “Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia”, entidad que hace unos meses sancionó con 43 millones de euros a varias asociaciones de transporte de contenedores y actualmente investiga posibles prácticas anticompetitivas en el mercado de comercialización de energía eléctrica.

martes, 23 de septiembre de 2014

AUMENTA EL TIPO DE INTERÉS REAL


El tipo de interés nominal o de mercado es el indicador del rendimiento tanto de un depósito bancario del ahorrador, por ejemplo, como del préstamo de un banco, sin considerar  la tasa de inflación presente en la economía.

Cuando el Índice de Precios de Consumo (IPC) aumenta, aunque no se altere la cantidad cobrada,  el valor del interés percibido  por los depósitos desciende porque su capacidad de comprar bienes y servicios se ha reducido. Y si los precios bajan (desinflación), los euros que se pagan por la cuota de devolución valen más en poder de compra que el importe recibido en préstamo.

El tipo de interés real tiene en cuenta la variación de los precios y, por tanto, refleja el poder adquisitivo. Un tipo de interés de mercado o  nominal del 5% con una inflación del 1% da un interés real del 4%. Quiere decirse que un 1% de ese 5% de interés representa la compensación por la pérdida de valor del dinero.

Los períodos de alta inflación suelen ser también de tipos de interés nominal elevados. Cuando la inflación es reducida, el tipo de interés nominal es generalmente bajo. Ello resulta razonable, porque tanto a los prestamistas como a los prestatarios les preocupa de verdad el tipo de interés real, dado que es el que determina el poder adquisitivo del dinero.

En el gráfico que reproducimos a continuación, recogido de “El Confidencial”, podemos observar la evolución del tipo de interés real.


Vemos que, a partir  de octubre de 2012, los tipos de interés para préstamos a empresa y familias en España se mantienen, con ligeras variaciones,  en torno 4%, pero los precios de los bienes y servicios (IPC) descienden desde un 3,5% al 0% a lo largo de los meses. Si deducimos del interés nominal o de mercado la variación del IPC, el tipo de interés real aumenta del entorno de un 0,2% (octubre 2012) al 4% (febrero 2014).

Con la variación negativa del IPC en agosto 2014 (-0,5%) y el tipo de interés nominal al 4,5%, el tipo real para pymes se sitúa en el entorno del 5%, más del doble del coste en Francia o Alemania, una consecuencia de la fragmentación del mercado financiero europeo.

Como suponemos que las familias y empresas toman decisiones racionales, sus comportamientos responden a incentivos que realmente modifican la situación.  De ahí que, en los tipos de interés, la referencia para tomar decisiones sea el tipo real y no el nominal. Por ejemplo, ante la alternativa de  pedir un préstamo al tipo de interés nominal del 6% en un momento de expectativa de inflación del 3% y otra opción  de endeudarse al 5% cuando los precios tienden a subir al 1%, se elegirá la primera (interés real 3%), porque la segunda opción, pese a tener en apariencia un menor coste (nominal)  para el prestatario, al ser también menor la variación de precios, resulta de un interés real superior (4%). Son, por tanto, las variaciones del interés real las que alteran los incentivos y soportan las decisiones que tienen que  tomar las personas y las empresas.

Los tipos de interés reales elevados tienen consecuencias  negativas para las familias y empresas endeudadas, porque la desinflación de los precios no les ayuda a aliviar las cargas financieras.  Al contrario, se hacen más pesadas, porque la renta disponible se ha ido reduciendo y permanecen inalteradas las cuotas a pagar por intereses y amortización de las deudas.